sábado, 7 de marzo de 2015

LA OBSESIÓN POR EL FÍSICO

¿Hasta qué punto el físico llega a ser una obsesión? 

Vivimos en una sociedad en la que la importancia del físico influye en nuestros esquemas cognitivos. La familia, los medios de comunicación y la sociedad, nos condicionan desde pequeños hacia una forma de pensar y una manera de enfocar el concepto de “sentirse bien”.

Para algunas personas, el hacer deporte, ejercicio o actividad física, implica obtener rendimiento y energía, en definitiva, sentirse saludable. Mientras que otros lo practican para obtener un mejor físico, ir al gimnasio y hacerse la mejor “selfie” para gustar a los demás… en pocas palabras, sentirse atractivo/a.


¿Y las personas que optan por la cirugía estética para mejorar su cuerpo? No hay que entrar en si está bien o mal, cada persona es libre de hacer con su cuerpo lo que desea, pero lo que pretendo recalcar es que, no es de extrañar que todo esto tenga un trasfondo social, puesto que continuamente estamos repletos de estereotipos que nos afectan directa e indirectamente. Es en este punto donde entra el aprendizaje social. Bandura es el que estudió el aprendizaje por observación, y recalcaba la importancia del papel de los medios de comunicación en este aprendizaje vicario o por imitación. En este tipo de aprendizaje, la observación es la que determina la conducta.

Siempre hemos oído la expresión de “90, 60, 90” o “estar perfecto”… pero, ¿Qué es la perfección? Muchas personas confunden el “sentirse bien” con “ser perfecto” y “estar sano”. Claramente aquí se enfrontan conceptos importantes como son la autoestima y el autoconcepto. Ambas juegan un papel fundamental en nuestra vida, ya que nos influencian en nuestra forma de actuar, en nuestra toma de decisiones, así como en nuestra forma de ser y en cómo nosotros nos aceptamos y nos valoramos tal y como somos, determinando así nuestro estilo de vida.

En la actualidad nos parece “normal” escuchar que la gente se pincha con esteroides para desarrollar más rápido el músculo, que una persona se quiera parecer a la muñeca Barbie, o que simplemente las personas prefieran 1 hora de cirugía a 15 horas de terapia psicológica, para aumentar su autoestima.

Cuando algo como una operación estética se encuentra más socialmente aceptado que acudir al psicólogo, se prioriza la primera opción. ¿Por qué? El contexto en el que continuamente nos movemos, es el que nos condiciona hacia unas creencias y unos valores que provocan en nosotros unas apreciaciones del físico sesgadas. Y es en situaciones extremas, cuando pueden aparecen las grandes distorsiones de la percepción traducidas en trastornos dismórfico corporales, vigorexia, bulimia y anorexia.

Entonces... ¿somos solo un físico? Qué hay de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos… ¿somos siempre conscientes de ellos? ¿Sabemos realmente hasta qué punto el contexto social nos afecta? Para y mira a tu alrededor: las redes sociales, las revistas, la publicidad, las películas... ¿eso es lo que somos? Entre todos hemos construido eso, y es que la realidad no deja de ser una construcción social.

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