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martes, 1 de noviembre de 2016

COMPLEJOS DE AUTOESTIMA: Gigantes, enanos y fantasmas

A estas alturas quizás estás cansado de leer post sobre autoestima, porque la verdad los hay para parar un carro. La verdad es que solo con poner “autoestima” en Google te puede aparecer una buena definición de ello. 

Ya vimos en el artículo “10 BENEFICIOS DE QUERERSE A UNO MISMO” la cantidad de aspectos que nos aporta el apreciarnos y valorarnos a nosotros mismos, y además vimos en “10 PASOS PARA QUERERTE MÁS” cómo cambiando pequeños aspectos de tu vida y tomando ciertas decisiones puedes emprender el camino al amor propio.

Es por ello que no me voy a detener a explicar el concepto de “autoestima”, aunque aún existan personas que crean que quererse a uno mismo es sinónimo de soberbia o egocentrismo, por ello es importante saber diferenciar una alta autoestima de una sana autoestima.


Hoy os traigo algunos de los complejos de autoestima más frecuentes que nos podemos encontrar: ¿En alguna ocasión te has sentido identificado/a con alguno?
  • El gigante de papel: es aquella persona que siente que está por encima de los demás y que además cree que es su obligación estarlo para que no se le suban a la chepa. Se siente un gigante, capaz de convencer a cualquiera con su don de gentes. A ojos de los demás, es el rey del mambo, parece tan duro como una barra de hierro, pero en realidad es tan frágil como el papel, ya que detrás de esa coraza tiene miedo a sufrir y no acepta que las cosas realmente le afectan más de lo que piensa.
  • El enano de piedra: persona que siente que todo lo que hace nunca es suficiente, a primera vista parece tan frágil como el papel de seda, pero realmente tiene mucho por dar y es tan duro como la piedra. Ha vivido tantas duras experiencias que se siente insignificante, un enano que continuamente se compara con los gigantes, adorándolos como dioses a los que admirar o incluso complacer.
  • El fantasma sin invisibilidad: es aquella persona que pasa desapercibida en cualquier situación, su comunicación no verbal (gestos, forma de hablar, ropa, postura, etc.) da a entender: “no me tengas en cuenta”. Sin embargo, le gustaría que se fijaran mucho más en él/ella. Suena contradictorio, ¿verdad? El fantasma no da los previos pasos por miedo a lo que puedan pensar de él, se siente como si no existiera, que su información no cuenta, pero lo que no sabe es que es él mismo quien contribuye a alejarse y se cohíbe a participar de los echos.
Nosotros no nos sentimos enanos, gigantes o fantasmas porque sí. La sociedad está continuamente inclinándonos a través de la publicidad hacia estereotipos de personas “ideales”: personas fuertes y decididas a las que, a pesar de las calamidades siguen adelante como si nada, y esto provoca que nos comparamos mucho más con los demás: “mira que cuerpo que tiene esa”, “mira qué bien que habla ese”, “que facilidad que tiene para hacer amigos”, “qué envidia, si es que todo parece que le sale bien”, “no sé cómo lo hace pero tiene a todos a sus pies”, “tiene trabajo y yo no”, “tiene amigos y yo no”, “tiene pareja y yo no”… Pero hay que tener criterio propio y pensar que auto-criticándose uno mismo lo único que se consigue es tirarse piedras y echar por tierra todas sus virtudes.

¿Y si todo el tiempo que dedicamos a compararnos con otras personas lo dedicásemos a mejorar la forma en la que actuamos, pensamos e interpretamos las cosas?

¿Y si buscásemos oportunidades en lugar de fracasos?

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lunes, 25 de abril de 2016

PERDÓN POR LLORAR

“Los/as niños/as mayores no lloran”, “No llores que estas feo/a”, “Los hombres no lloran”, “No es nada, no llores por eso”, “No te enfades”, "Si tampoco es para tanto", “Big girls don’t cry”, “El que sonríe en lugar de enfurecerse es siempre el más fuerte” (Proverbio chino)…


Escuchando las frases anteriores, parece que al final tengamos que pedir perdón por sentir, porque mostrarse tal y como nos sentimos será sinónimo de inferioridad. ¿Tú que opinas?

Me da la sensación de que en nuestra sociedad acciones como llorar o enfadarse están mal vistas. Son clasificadas como “negativas”, pero lo que no sabemos es que privarnos de ellas es privar una parte de nosotros.

Sentir la necesidad de expresar las emociones y no hacerlo, es poner el freno a un coche que va a 200 por hora, y esto tiene sus consecuencias... explotar como una olla a presión. No solo ocurre con la tristeza o la ira, en ocasiones, ocurre incluso con la alegría. Hay personas que llegan a pensar que “no se merecen estar bien”, y cualquier atisbo de alegría lo ocultan, por el miedo a ilusionarse… Y esto, como no, provoca un gran malestar interno.

A consulta llegan muchas personas que les avergüenza llorar delante de los demás por miedo a mostrarse débiles o incluso para que las otras personas no se preocupen. Pero lo que no saben es que aguantarse no es sinónimo de fuerza. Somos humanos, y el llanto es una forma de liberación.

Que nadie te convenza de que llorar y/o enfadarse no sirven de nada. Ya que son parte de un proceso, que bien puede ser un duelo, un conflicto interno o externo no resuelto, una situación delicada, o simplemente, tan sencillo como que nos han o nos hemos hecho daño.

Las personas somos emociones y es importante expresar para poder pasar ese proceso de forma sana. La escritora Concepción Arenal (1820) ya decía que “el llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no se pueden decir con palabras”. Porque cuando no te permites soltar, es cuando ese sentimiento se puede transformar en tu peor enemigo: una emoción tóxica.

Parece que se cree que los psicólogos pretendamos que las personas vivan en un mundo “Happy Flower” con frases motivantes, expresando solo las emociones positivas, todos sonriendo, contentos y corazoncitos que salen de los ojos (“Positivismo: ¿Don’t worry be happy?”)… Pero no, somos realistas, y sabemos que las personas que buscan terapia lo que quieren es sentirse escuchados, entendidos y acompañados en su proceso, y no quieren oír las frases del principio que, tal vez, han estado escuchando toda su vida.

No podemos evitar sentir lo que sentimos cuando algo nos sucede, así que no te "obligues" a sentirte bien machacándote con frases como "debería estar bien" o "no tendría que quejarme". No hay que auto-engañarse de lo que uno siente. Aunque pintemos la mierda de rosa, mierda va a ser. No hay que disfrazarlo. La aceptación de una enfermedad, un conflicto sin resolver, la pérdida de algo o de alguien… Son procesos que no hay que ocultar ni disfrazar con sonrisas, sino que hay que aprender poco a poco a aceptar, y esto requiere de tiempo. 

¡Tenemos nuestro derecho a expresar los sentimientos! No nos transformemos en robots que ni sienten ni padecen.

De modo que, hoy grito a los cuatro vientos: ¡No pidas perdón por llorar! Llora, llora porque te da la gana, llora porque sientes y estás vivo/a. Siente como nunca y no te escondas. No te dejes llevar por los sentimientos, simplemente siente, que estás en tu derecho y puedes. 


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martes, 20 de octubre de 2015

QUE SEA PSICÓLOGO/A NO SIGNIFICA QUE...

En este artículo no vas a encontrar una nueva pauta, estrategia o consejo. Es un post mucho más personal, un post en el que quiero hablar del rol del psicólogo “fuera de acción”.

Los psicólogos en nuestro día a día nos exponemos ante muchas personas desconocidas que acuden a nosotros en busca de ayuda. Nosotros, como profesionales que tenemos una siempre actualizable formación en el ámbito y una siempre mejorable experiencia, tenemos que hacer frente a una gran cantidad de mentes, cada una funcionando a un ritmo distinto, cada una de un mundo distinto, con sus previas vivencias, cada una con diferentes pensamientos, cada una…única. Los psicólogos siempre nos ponemos en el lugar del otro, y ahora en este post vamos a dar la vuelta a la tortilla e intentar que los demás entiendan nuestra postura.

Como personas, no vivimos por o para la psicología, aunque ésta forme parte de nuestra vida, sino que es nuestra profesión a la que dedicamos cada día muchas horas con pasión. Es por ello que fuera de nuestro rol como psicólogos no dejamos de ser personas que tienen su vida, sus amigos, familia, pareja, aficiones, etc.

Como profesionales somos responsables de transmitir durante nuestro ejercicio profesional una buena imagen y actitud, dejando a un lado nuestras creencias. No obstante, siempre nos exponemos a las críticas y prejuicios de los demás.


Con esto quiero decir que, el hecho de que sea psicóloga no significa que fuera de consulta las cosas no me lleguen a afectar, que no llore nunca (no soy de hierro), o incluso que nunca tenga conflictos con otras personas, aunque mi profesión me permita conocer otra forma de gestionar los problemas.

Que sea psicóloga no significa que no pueda salir con amigos, que no pueda cantar, bailar, reír hasta que me duela la barriga o incluso tomar alguna copa.

Que sea psicóloga no significa que no pueda pasar por un duelo o la ruptura de la relación con otra persona.

Que sea psicóloga y tenga un servicio de atención psicológica no significa pueda atenderte justo en ese determinado momento, como si se tratase de un super héroe que ha de acudir al rescate cueste lo que cueste. Como en cualquier otro servicio sanitario, existe una lista de citas.

Que sea psicóloga no significa que sea adivina o maga y que por tanto pueda solucionar tu vida en una sesión con un chasquido de dedos, y que además, sin conocerte ni saber de tu historia, pueda darte pautas y estrategias casi “mágicas”.

Que sea psicóloga no significa que en la calle o por las redes sociales, pueda atenderte como si de una sesión de terapia se tratase.

Que sea psicóloga no significa que en mi vida cotidiana no pueda enfadarme o sentir miedo, no soy un robot.

Que sea psicóloga no significa que todo lo que me rodea lo vaya a interpretar como una extensión de la psique de los demás, no todo tiene un significado psicológico.

Que sea psicóloga no significa que en mi vida personal no puedan hacerme fotos cuando estoy en mi tiempo libre, cuando me voy de viaje o cuando me voy a cenar con amigos.

Que sea psicóloga no significa que no pueda ir durante mis vacaciones a tomar el sol con mi biquini, salir a hacer deporte, o incluso, ¡por que no!, disfrazarme.

Que sea psicóloga no significa que deba tener el doble de edad para ser una mejor profesional, los años que uno tiene no lo son todo.

Que sea psicóloga no significa que tenga que estar 24 horas disponible para mis pacientes, como en cualquier servicio, existen unos horarios.

La psicología es nuestra profesión, pero fuera del rol como psicólogos no dejamos de ser personas y tenemos nuestra vida, al igual que tú, el/la que está leyendo esto.


Somos profesionales tolerantes, que no juzgamos a los demás ni por sus comportamientos, ni por sus actitudes, ni por su aspecto, ni por nada… sólo queremos ayudar. Entonces, nosotros también merecemos un respeto, ¿no? Ya no sólo como profesionales, sino como personas humanas que somos. Por desgracia, la psicología aún sigue arrastrando mitos (visita el artículo 'Mito y realidad en la Psicología') que ojalá pronto se disuelvan y podamos ejercer sin esas "etiquetas" sociales.

¡Gracias por leer Los engranajes de la Psicología! ¿Te ha hecho reflexionar este post? Puedes seguirme en Twitter: @psicologaribesFacebook: "Psicóloga Raquel Ribes", o en Google + y estarás al corriente de todas las actualizaciones. Para cualquier duda estoy on-line y de forma física en la red de psicólogos en Gandia (Valencia, España). ¡Feliz día! :)

lunes, 27 de julio de 2015

POSITIVISMO: ¿Don't worry be happy?

En la actualidad, se está fomentando mucho más la utilización del pensamiento positivo. El pensamiento positivo tiene la peculiaridad de espantar a los pensamientos destructivos (ver artículo "LOS 4 PENSAMIENTOS MÁS DESTRUCTIVOS"), los malos hábitos y de mejorar las relaciones sociales, de tener una mejor actitud frente a las situaciones y con ello una mejor conducta.

Pero, ¿cómo es pensar en positivo? ¿Es lo que dicen los hippies “paz y amor”? ¿Cómo hay que pensar de forma positiva? ¿Realmente la positividad nos vale para todo? En este post me gustaría hablaros de ello.


En primer lugar, vamos a por los mitos y realidades:

Mito: Ser positivo es ver el vaso medio lleno. 
Realidad: Es ver un vaso donde llenar.

Mito: Ser positivo es ver sólo el lado bueno de las cosas. 
Realidad: Es ver oportunidades donde otros sólo ven fracasos.

Mito: Ser positivo es no tener conflictos ni problemas. 
Realidad: Es saber gestionarlos de forma efectiva viendo las diversas posibilidades.

Mito: Ser positivo es olvidarse de los acontecimientos negativos.
Realidad: Es saber aceptar, perdonar y superar.

Existen muchas personas que sus pensamientos positivos o alternativos no les sirven, y es que no es un simple “don’t worry be happy”, es otra forma de interpretar las cosas (ver artículo "¿CAMBIAMOS ELCHIP? La reestructuración cognitiva"). 


Asimismo, antes de pensar positivamente hay que tener varias cosas en cuenta:

Lucha interna: Intentar pensar de forma positiva cuando tenemos la mente llena de pájaros revoloteando es imposible. Pensar de forma positiva no es una solución, es un proceso y un resultado, después de trabajar con uno mismo y con aquello que te hace sentir mal. No podemos pretender encubrir o tapar lo malo que nos sucede, sino ver cómo podemos solucionarlo.

Que no te tomen el pelo: ser positivo no es ser ignorante, pensar de forma positiva no significa que todo vaya a ser con buenas intenciones o que todo tenga que ser maravilloso y que todo el mundo quiere para nosotros lo mejor, recuerda que hay personas tóxicas (ver artículo "PERSONAS TÓXICAS").

Mente realista: que se piense de forma positiva no significa que vaya a suceder así, tener una actitud positiva nos predispone a actuar de cierta forma y por tanto que haya más probabilidad de que se nos presenten ciertas situaciones (ver artículo "¿SOMOS ADIVINOS? La profecía autocumplida"). Por tanto, importante tener en cuenta todo lo que podría suceder, no es saludable pensar de forma extremista.

Aceptar el no para empezar el sí: ser positivo no implica que todo vaya a ser un “sí” en la vida. Hay que aceptar que la respuesta también puede ser un “no” puesto que sino las decepciones pueden pasarnos factura. Cuando aceptemos la existencia del “no” entonces podremos aceptar que el sí.


Recuerda, que el positivismo no ha de encerrarse dentro de la cabeza en forma de pensamiento positivo, sino que ha de convertirse en una actitud y conducta positiva. No es un “haz el amor y no la guerra”, es otra forma de ver las cosas que fomenta nuestro bienestar emocional.

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miércoles, 8 de julio de 2015

¿ERES UN X-MEN? La lectura de pensamiento

Si piensas en lo que están pensando los otros, tus pensamientos se convierten en los posibles pensamientos del otro, pero el pensamiento que piensas que es del otro no deja de ser un pensamiento propio. ¡Menudo lío! Parece un trabalenguas, ¿verdad? pero es lo que suele ocurrir.


Cómo nos gusta intentar leer el pensamiento de los demás… Sí, sí, estamos hablando de telepatía. ¿Nos hemos convertido en un X-MEN como el profesor X? Leer el pensamiento de otras personas lo hacemos más de lo que creemos, de hecho lo intentamos hacer muy a menudo.

“¿Qué pensará de mi?”
"¿Qué pensará de ésta situación?”
“¿Le habré caído bien?”
“A ver si va a pensar que me quiero ir…”
“Seguro que ha hecho ese gesto pensando en mi”
“Seguro que está pensando que soy un pesado/ torpe/entrometido…”

La lectura de pensamiento es una forma que tenemos de intentar controlar lo que ocurre a nuestro alrededor, suele suceder en personas que son inseguras de sí mismas. Es una forma de intentar adelantarse a la forma en que esa persona que tenemos delante puede influenciarnos, si de forma positiva o negativa. Lo que no sabemos es que llegamos a comernos tanto el tarro intentando descifrar en qué piensan los demás de una situación o de nosotros mismos, que descuidamos lo que nos está sucediendo en el presente. Es decir, nos preocupamos tanto por algo que no sabemos si es cierto o no que nos crea una ansiedad innecesaria y anticipada (como hablé en el artículo “¿Somos adivinos? la profecía autocumplida”).


Al principio os he presentado lo que podría llegar a ser un buen trabalenguas, pero que es un círculo vicioso de malos hábitos de pensamiento. Es por ello que la mejor forma de romper el bucle es acabar con esa telepatía. ¿Cómo? Teniendo en cuenta estos 3 aspectos tan cotidianos:
  • Preguntar: algo tan sencillo como preguntar a la otra persona nos sacará de todos esos quebraderos de cabeza. “¿Te ha molestado lo que te he dicho?”, "¿Te parece bien?". Eso si, preguntar para dejar de imaginar, suponer o malinterpretar, no para buscar una valoración continua del otro.
  • Tolerar la incertidumbre: No todo lo podemos controlar, y aquello por lo que nos preocupamos la mayoría de las veces son cosas banales. Si realmente tienes un problema que te preocupa,y tienes que tomar una decisión, entonces establece un “tiempo para preocuparse”. Sí, tan sencillo como crear un horario: de 9:00 – 14:00 trabajo, 14:00-15:00 comida, de 17:00 a 18:00 gestionar el problema. Asi mientras trabajas, estudias, o duermes no te vas a preocupar. Todo a su debido tiempo.
  • No depender de la opinión de los demás: ¿Para qué quieres que alguien confirme lo que dices? No necesitas que te den un “aprobado” a todo lo que haces. La solución se encuentra en confiar en uno mismo. Cuando empieces a confiar en tus actos dejarás de depender de la opinión de los demás.
Leer el pensamiento de otras personas no deja de ser un acto creativo en el que ponemos en práctica nuestra imaginación. Sin embargo, esto puede ocasionar problemas a la hora de relacionarnos con otras personas, sobretodo a la hora de buscar nuevas amistades. Cuanto menos se conoce a esa persona, más se le intenta leer el pensamiento, ya que ante el desconocimiento, las personas inseguras intentan buscar la forma de controlar la situación.



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jueves, 12 de marzo de 2015

"EL PROFE ME TIENE MANÍA": El efecto Pigmalión en la escuela

Supongamos que nos encontramos en una aula. En la parte izquierda se encuentran los alumnos que sacan mejores notas, y en la derecha están los que fracasan en varias asignaturas. Es un día de examen, el profesor tiene la cabeza agachada, y de pronto oye murmuros. Sin saber quien ha sido, ¿hacia qué parte de la clase creéis que se dirigirá? 

Con mayor probabilidad, el profesor se dirigirá llamando la atención a la parte derecha de la clase, puesto que ha interiorizado que son los “más problemáticos”. ¿Podría haber sido un alumno de la parte izquierda? Por supuesto. ¿Por qué sucede esto?


Seguro que alguna vez habéis oído esta expresión: “el profesor me tiene manía”. ¿Es la interpretación externa del alumno a unos hechos, o es posible que el profesor tenga un trato diferencial hacia los alumnos?

El efecto Pigmalión sucede cuando las expectativas que tiene una persona sobre otra influyen en el comportamiento de ésta última. Éste efecto se explica mucho mejor a raíz de un curioso experimento social realizado por Rosenthal y Jacobson. Se realizó de la siguiente forma: al principio de curso, el profesor recibió una lista de alumnos indicándole que, tras un test de inteligencia, esos alumnos tenían grandes dotes y podían destacar sobre el resto. Al finalizar el curso, los niños que fueron escritos en la lista obtuvieron mejores resultados. Lo que el profesor no sabia era que los alumnos de esa lista habían sido seleccionados completamente al azar. Entonces, ¿por qué sus resultados eran mejores que los demás? (Podéis ver el vídeo-documental <<AQUÍ>>)

La respuesta se encuentra en la gran influencia y poder de las expectativas. Es decir, si el profesor cree que es mal alumno, se centrará en sus errores, mientras que si cree que es buen alumno, se centrará en sus logros. En el caso del experimento, el profesor, tras creer que a esos niños se les podía sacar mucho más, se encargó de que así fuera. ¿Cómo? Si el profesor cree que de un alumno va a sacar provecho, le dejará una mayor participación en el aula, le perdonará más errores, le explicará más detalladamente los conceptos, etc. De este modo, y aunque el profesor no se da cuenta, está fomentando una mayor capacidad de aprendizaje en el alumno, confirmándose así su regla de que éste tiene buenas capacidades. Ésto se llama la profecía autocumplida, que es como el pez que se muerde la cola.


¿Cómo se forjan estas expectativas? Pues a través de nuestra interpretación de lo que observamos, de lo que vivimos, de experiencias pasadas, de la influencia de personas externas, o de la actitud o comportamientos de esa persona. Pero el efecto Pigmalión va mucho más allá, puesto que el profesor no es realmente consiente de cómo sus expectativas están influyendo en el alumno. Y sin embargo, es común que en estos casos el alumno se haga este tipo de preguntas:
  • “¿Porqué a él le ha dejado entregar el trabajo unos días más tarde y a mi no?”
  • “¿Porqué si él se equivoca le da otra oportunidad y a mi no?”
  • "¿Porqué si él habla no le grita y a mi sí?"
  • "¿Porqué en ocasiones ni me pregunta si he hecho el deber?”
  • "¿Porqué si le digo que no lo entiendo a mi no me lo explica?"
Cuando somos pequeños, las expectativas y la confianza que tienen sobre nosotros las personas pilar como el profesor o nuestros padres, son el feedback clave para crear nuestras propias expectativas sobre nosotros mismos, es decir, nuestro autoconcepto y nuestro rol en diversas situaciones. Por ejemplo, cuando a un niño en muchos lugares y durante mucho tiempo se le tacha de “mal alumno”, al final interiorizará dicho rol, de modo que aprenderá que su papel es ese, y habrá ciertas cosas que no podrá hacer. Sin dejar de obviar que dentro de las propias aulas siempre se forman grupos inconscientes. Quien no recuerda al típico contestón o problemático, al vago, al xarlatán, al sabelotodo, al tímido, al extrovertido, etc. ¿Como se forma esto? Lo formamos entre todos, a través de nuestras expectativas.

De modo que, me gustaría recalcar la importancia de fomentar en la escuela un trato igualitario, para que las expectativas que los niños desarrollen de si mismos sean saludables. Ya que, aunque en el experimento, el profesor llegó a explotar las capacidades de los alumnos de la lista, también obvió las capacidades que podían tener el resto de alumnos. 

Asimismo, creo que es verdaderamente importante que cualquier maestro o profesor sea capaz de mantener la mente abierta y valorar sus alumnos de forma objetiva, sin juicios, ni pre-expectativas, puesto que pueden influir tanto positivamente como negativamente en su autoconcepto académico, es decir, en que él crea o no que puede hacer bien sus labores de la escuela.

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sábado, 7 de marzo de 2015

LA OBSESIÓN POR EL FÍSICO

¿Hasta qué punto el físico llega a ser una obsesión? 

Vivimos en una sociedad en la que la importancia del físico influye en nuestros esquemas cognitivos. La familia, los medios de comunicación y la sociedad, nos condicionan desde pequeños hacia una forma de pensar y una manera de enfocar el concepto de “sentirse bien”.

Para algunas personas, el hacer deporte, ejercicio o actividad física, implica obtener rendimiento y energía, en definitiva, sentirse saludable. Mientras que otros lo practican para obtener un mejor físico, ir al gimnasio y hacerse la mejor “selfie” para gustar a los demás… en pocas palabras, sentirse atractivo/a.


¿Y las personas que optan por la cirugía estética para mejorar su cuerpo? No hay que entrar en si está bien o mal, cada persona es libre de hacer con su cuerpo lo que desea, pero lo que pretendo recalcar es que, no es de extrañar que todo esto tenga un trasfondo social, puesto que continuamente estamos repletos de estereotipos que nos afectan directa e indirectamente. Es en este punto donde entra el aprendizaje social. Bandura es el que estudió el aprendizaje por observación, y recalcaba la importancia del papel de los medios de comunicación en este aprendizaje vicario o por imitación. En este tipo de aprendizaje, la observación es la que determina la conducta.

Siempre hemos oído la expresión de “90, 60, 90” o “estar perfecto”… pero, ¿Qué es la perfección? Muchas personas confunden el “sentirse bien” con “ser perfecto” y “estar sano”. Claramente aquí se enfrontan conceptos importantes como son la autoestima y el autoconcepto. Ambas juegan un papel fundamental en nuestra vida, ya que nos influencian en nuestra forma de actuar, en nuestra toma de decisiones, así como en nuestra forma de ser y en cómo nosotros nos aceptamos y nos valoramos tal y como somos, determinando así nuestro estilo de vida.

En la actualidad nos parece “normal” escuchar que la gente se pincha con esteroides para desarrollar más rápido el músculo, que una persona se quiera parecer a la muñeca Barbie, o que simplemente las personas prefieran 1 hora de cirugía a 15 horas de terapia psicológica, para aumentar su autoestima.

Cuando algo como una operación estética se encuentra más socialmente aceptado que acudir al psicólogo, se prioriza la primera opción. ¿Por qué? El contexto en el que continuamente nos movemos, es el que nos condiciona hacia unas creencias y unos valores que provocan en nosotros unas apreciaciones del físico sesgadas. Y es en situaciones extremas, cuando pueden aparecen las grandes distorsiones de la percepción traducidas en trastornos dismórfico corporales, vigorexia, bulimia y anorexia.

Entonces... ¿somos solo un físico? Qué hay de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos… ¿somos siempre conscientes de ellos? ¿Sabemos realmente hasta qué punto el contexto social nos afecta? Para y mira a tu alrededor: las redes sociales, las revistas, la publicidad, las películas... ¿eso es lo que somos? Entre todos hemos construido eso, y es que la realidad no deja de ser una construcción social.

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jueves, 19 de febrero de 2015

LUCHAR POR UN SUEÑO

“Mis padres no me apoyan”, “Mis amigos piensan que es una tontería”, “La gente que conozco dice que no saldrá bien”, “Mis compañeros dicen que es una locura” Entonces… ¿Cómo puede funcionar mi plan si nadie me apoya?.


Todos tenemos sueños. Pero muchos de ellos no son compartidos por las personas que nos rodean. Cuando tenemos una ilusión, una idea, algo que nos entusiasma y que nos gustaría hacer realidad, buscamos el apoyo de las personas que nos importan, pero en ocasiones no lo encontramos. Si nadie cree en nosotros... ¿Qué podemos hacer?


No dependas de la opinión de los demás: nos importa la opinión de los demás mucho más de lo que creemos, pero no podemos depender de ella a cada paso que damos. Tenemos que saber decidir por nosotros mismos, ser valientes y buscar alternativas realistas. Por que el sueño es tuyo, no de los otros.

No empieces la casa por el tejado: empieza por dar pequeños pero grandes pasos. ¿Quieres ser fotógrafo? Empieza por hacer sencillas y artísticas fotos de paisajes que te rodean y ponlas en las redes sociales ¿Quieres ser dibujante? empieza por pequeños bocetos y ponlos en páginas web artísticas ¿Quieres ser actor o tal vez cantante? puedes subir algún corto, sketch o covers y compártirlos en Youtube.

 Grandes empresarios empezaron desde abajo, como por ejemplo:
  • J.K. Rowling (la escritora de la saga Harry Potter) El libro fue enviado a doce editoriales, las cuales rechazaron el manuscrito.
  • Steve Jobs (el creador de Apple) empezó en el garaje de sus padres a diseñar los primeros prototipos de sus ordenadores. Así como Larry Page y Sergey Brin, quienes también en un garaje, en este caso alquilado, fundaron Google.
  • Quentin Tarantino (productor de cine) empezó como acomodador en los cines.

Miedo al fracaso: No tengas miedo al fracaso, si no se consigue al menos lo has intentado. Muchas veces empieza como un sueño, y en sueño se queda, en otras ocasiones, se cumple. Pero hay oportunidades que se presentan y es posible que no vuelvan. No te quedes con el gusanillo de saber qué habría pasado si lo hubieses intentado. A veces incluso en el transcurso se descubren cosas de las que aprendemos (Ver “aprender de los errores”)

Actitud: La actitud ante la vida es muy importante. La constancia, el esfuerzo, la perseverancia, la motivación y la ilusión es fundamental para seguir persiguiendo tu sueño. (visita el post ¿quieres automotivarte?) Una actitud positiva y abierta hacia las cosas, hacia las situaciones, hacia las personas, te permitirá ver las buenas oportunidades.


Planifica: piénsalo bien y tómate tu tiempo a la hora de tomar decisiones. Soñar es gratis, pero las acciones para conseguir ese sueño en ocasiones implican un coste económico. Conoce y establece tus límites dentro de tus posibilidades.

Visualiza: coge una hoja y haz una línea horizontal en forma de flecha, ésa será tu línea del tiempo. Ahora haz pequeñas marcas, cada marca es un paso que has dado en tu proyecto. Pon en cada marca con una palabra o frase lo que realizaste para el proyecto, (por ejemplo: consigo hacer las primeras líneas del boceto, o “escribo el primer capítulo”). Después, pon el punto en el que te encuentras ahora y más adelante los próximos pasos que quieras dar. Sé realista, tal y como hablamos en “La cajita de los deseos” y mantén cerca esa hoja, te permitirá visualizar cada avance.

No te rindas: Demuestra que tú puedes. Todos tenemos nuestro momento de bajón. Leer este post en esos momentos en los que te encuentres perdido, sin saber qué rumbo escoger, si seguir o abandonar, hace que tomes conciencia de dónde te encuentras y a dónde quieres llegar. Lo importante es no desistir porque si algo te apasiona, lucha por ello, porque no sabes hasta dónde puedes llegar si tu mismo te pones las barreras.

Película recomendada: "En busca de la felicidad".
Vídeo para reflexionar: (AQUÍ)

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viernes, 26 de diciembre de 2014

EL RELOJ DE ARENA (MINICUENTO SOBRE “LA VISIÓN DEL OTRO”)


“Un día de primavera, Laura y sus compañeros de clase se fueron de excusión al acuario. Había toda variedad de animales del mar, algunos grandes, otros pequeños, con dientes afilados, otros muy largos… Algunos parecían ser muy simpáticos, como las tortugas, los delfines y las belugas, otros sin embargo parecían ir a la suya como las anguilas. Dentro del recinto había un túnel hecho de cristal con el que se podían ver a los peces cómo pasaban por encima de sus cabezas. ¡Parecía que estuviesen dentro del océano! Era muy bonito.

Lo que más les gustaba a todos era que, al terminar ver todas las salas, pasaban por las tiendas de regalo y veían qué cosita se podían comprar para llevárselo a casa como recuerdo. Nada más llegar allí todos empezaron a buscar entre las estanterías. Había tazas, lápices, imanes, llaveros, camisetas, etc. ¡Un sinfín de cosas! De pronto, uno de los compañeros propuso que todos se compraran la misma cosa, así sería un recuerdo compartido por todos. Toda la clase se emocionó y aceptaron la propuesta. Pero… ¿Qué podían comprar? Una camiseta era muy cara, los bolis y los llaveros era algo muy común… y cuando ya no sabían qué podían comprar, una compañera vio dentro de una caja unos relojes de arena hechos con pequeñas piedrecitas de mar pintadas con colorines. Era un recuerdo muy vistoso. Todos aceptaron y empezaron a coger relojes de la caja. Laura se había quedado mirando unas pequeñas conchas de mar y no se había dado cuenta, cuando de repente vio que todos sus compañeros llevaban en su mano el reloj de arena. “Vamos Laura, ve a coger el tuyo!” Laura se había despistado y no se había dado cuenta de que habían elegido ese recuerdo. Fue corriendo hacia la caja donde estaban los relojes de arena y ufff…¡por suerte quedaba uno! Se quedó mirando el reloj y le pareció bonito, se sintió afortunada de haberlo cogido y fue a la caja a pagarlo.


Todos contentos con los relojes en sus mochilas se subieron al autobús. Cuando estaban ya de vuelta a la escuela, empezaron todos a sacar sus relojes y a cronometrarse unos a otros, jugando a las adivinanzas. Si se encontraba la respuesta antes de que toda la arena se posara en la parte de abajo, se ganaba 1 punto. Laura sacó el suyo, pero vió que curiosamente era diferente. Cuando sus compañeros vieron que su reloj no era el mismo le dijeron que había cogido el más feo. Laura se defendió diciendo que era especial, pero los otros niños le dijeron que era raro, diferente y ridículo porque no era igual. A Laura le parecía bonito, pero como vio que los relojes de sus compañeros eran iguales, se convenció a sí misma de que el suyo, el que no era igual, era feo. Empezó a desanimarse por no tener el mismo reloj que todos sus compañeros, y llegó a pensar que no debería haberlo cogido. Ya no era un recuerdo compartido, al menos no sentía que así fuese, porque le habían dicho que el suyo no era bonito.

Cuando llego a casa lo dejó a desgana encima de la mesa. Pero de repente sucedió algo inesperado, las bolitas de arena no bajaban… ¿Qué pasaba? Laura empezó a mover su reloj dándole golpecitos para que bajaran. ¿Se habían quedado pegadas? Pero entonces al darle la vuelta  vio que las bolitas no se deslizaban hacia abajo sino que subían hacia arriba! Laura se quedó perpleja. Su reloj no funcionaba como uno convencional, ¡iba al revés!

Empezó a saltar de alegría, y es que el reloj que todos los demás tachaban de diferente y feo realmente era muy especial. Laura entendió que el hecho de que sus amigos lo vieran raro y feo, no tenía porqué ser realmente así. Desde aquel día, Laura empezó a ver su reloj como un objeto único.”



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