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sábado, 2 de junio de 2018

NO SÉ QUÉ ESTUDIAR


Quizás en estos momentos te estas preguntando: “¿qué estudios realizaré?” Tal vez te has encontrado en esta situación anteriormente, actualmente te estas replanteando tu formación actual o eres una persona mayor que tiene el “gusanillo” de retomar ciertos estudios. Sea como sea, entiendo el dilema al que te enfrentas, no te extrañará que te diga que yo, al igual que muchísimas personas, pasamos por lo mismo que tú cuando nos planteamos nuestro futuro: no saber qué estudios realizar.

Este tipo de decisión puede presentarse en cualquier momento de la vida. Es entonces cuando recurrimos a amigos, familiares, conocidos e incluso profesionales: “¿Tú qué me recomiendas?” les decimos, y esperamos que nos iluminen nuestro camino con bombillas led de alta potencia, pero lo único que nos encontramos es con bombillas parpadeantes en caminos difusos en búsqueda del mejor consejo.


He aquí mi consejo: NO PIDAS CONSEJO. Sé que en estos momentos te sentirás perdido/a y te vendrá un torbellino de pensamientos: “¿cómo no voy a pedir consejo?, ¡Si no sé qué hacer!, necesito la opinión de alguien… No sé qué elegir, no sé cuál es mi camino…”

Pero, ¿Por qué te digo que no pidas consejo? Porque muchas de las personas te aconsejarán según sus intereses, según lo que piensan que te “conviene” o lo que por experiencia han pensado que tiene “más salida”, pero nadie más que TÚ MISMO/A sabe qué es lo que te gusta o lo que se te da bien.

La gente que elige su profesión porque “piensa que ganará más dinero que con otra” o porque “tiene más probabilidad de que lo contraten” al final acaban siendo personas que odian su profesión, que no les gusta su trabajo y lo hacen a desgana. Y, en estos tiempos en los que estamos, el dinero es importante, no obstante, más importante es fomentar y crecer como profesionales que amen lo que hacen, porque de la pasión hacia la profesión es de dónde salen los mejores profesionales.

De modo que es momento que te centres en el “QUÉ QUIERO YO”.

Lo importante es que pongas en una lista por prioridad qué estudios te llaman la atención, y después busques información tanto del tipo de temas que se abarcan en cada uno como el proceso por el que tienes que pasar para realizar cada uno (posterior especialización, búsqueda de prácticas, realización de un postgrado…), ya que esto te ayudará a descartar. Es importante que te informes bien, ya que elegir es difícil, pero descartar es fácil basándote en el temario de una formación. Ya que en la medida en que no se adapte a lo que quieres no te motivará.

Es por ello que, quédate con aquello que te gusta y sepas que te puede causar interés. A rasgos generales, a través de la educación obligatoria y en tu día a día puedes conocer qué tipo de estudios prefieres según tus gustos: matemáticas, biología, arte, química, letras… Esto te dará pistas para centrarte en una rama u otra, aunque ya te digo que hasta el último momento muchos tienen sus dudas. Créeme, nos pasamos la vida estudiando lo “obligatorio” y cuando nos planteamos “lo que queremos” se nos nubla la vista.

Si tus dudas son por hacer una especialización u otra piensa a qué te quieres realmente dedicar, qué es eso que cuando hablas de ello te apasiona, que te ves trabajando de ello día tras día.

Pero ante todo: ¡QUÉ NO CUNDA EL PÁNICO!

Claro está que hay muchos otros aspectos a tener en cuenta para elegir carrera como: la nota de corte, el lugar (si tienes que desplazarte), el coste de la matrícula, los cursos, el material necesario… Pero ante todo elige con cabeza, y si por alguna de aquellas empiezas una formación y descubres durante el proceso que no es lo tuyo: ¡el mundo no termina ahí! Tienes la posibilidad de redirigir tu vida y volver a plantearte qué quieres, no se es un As en todo, ni se toma la mejor elección a la primera, así que “No problem”.

Tampoco se sabe con certeza todo lo que uno/a se encontrará una vez comenzada una formación, es por ello que quizás empieces una formación que no era tu primera opción y por sorpresa descubres que es algo que te apasiona y que no cambiarias por nada.

Te aviso que dudaras, hasta el último momento, y a cuantas más personas preguntes más te harán dudar, y puede que le des mil y una vueltas a la cabeza, pero la decisión es tuya y es tu vida. Es TU futuro, así que tómate tu tiempo. Coge los consejos y las experiencias de otras personas como aspectos a tener en cuenta pero no razones de peso para tomar la decisión definitiva.

Así que ahora con todos estos aspectos que te he recordado, espero que sepas elegir por ti mismo/a y barajar tus posibilidades sin que nadie te condicione a elegir cómo quieres vivir. Y, por supuesto eres libre de elegir un estudio solo por la salida laboral o la monetización que te puede aportar en un futuro, porque no deja de ser una motivación, pero es importante que tengas en cuenta que quizás tendrás que lidiar con que estés estudiando aspectos con los que no te sientas cómodo/a o te cuesten mucho más.

Aunque tengas motivación, el proceso por el que pases no será fácil, se requiere de esfuerzo, perseverancia, paciencia y dedicación. Sin embargo, no olvides que tienes PODER DE ELECCIÓN.

viernes, 1 de septiembre de 2017

UNA PSICÓLOGA CON FOBIA


Quizás estas aquí por curiosidad, porque tienes alguna fobia, te interesa la temática o porque estás pensando en acudir al psicólogo. Sea como sea, este es un escrito mucho más personal y con él quiero ayudar a personas por las que están pasando por lo mismo o una situación similar.

Antes que nada, para aclarar el término "fóbia" y su diferencia con el miedo, recomiendo leer mi post: DIME COMO ES TU MIEDO Y TE DIRÉ SI ES UNA FOBIA.


Para explicar mejor mi situación y sea más fácil su lectura lo he dividido por apartados:


CONTEXTO

Desde mi primer año tuve bastantes “tropiezos” con la vida, mis caídas no eran sólo las típicas rozaduras que un niño pequeño se puede hacer, sino que en más de una ocasión tuve que ir a urgencias o quedarme en la UCI ingresada, con lo que todo ello conlleva. Semi-rotura de hueso, chichones graves, cortes profundos, problemas intestinales, etc. Muchos de estos procedimientos implicaban agujas. Asimismo, cuando eres pequeño, no hay que obviar una cosa que te ponen año tras año… sí, estoy hablando de las vacunas.


CONDUCTA FÓBICA

Desmayo y huidas o evitaciones del lugar.


EVOLUCIÓN

Mi fobia empezó con las agujas de inyecciones (en la realidad, en fotografía o por televisión). Malas experiencias con análisis de sangre y situaciones similares hicieron que la fobia se extendiera a la sangre (más concretamente sangre de heridas). Incluso hablar de operaciones, agujas y sangre también me provocaba un desmayo. Más adelante, mi mente empezó a asociar agujas y sangre con productos de cura como: alcohol etílico, suero o agua oxigenada. Por lo que el hedor de estos podía hacer que me “desplomase”. Con los años, cuando tenía que visitar a un familiar al hospital podían ocurrir tres cosas: ir y desmayarme, ir o salirme cuando sentía un ligero mareo o directamente no acudir, cosa que terminé por hacer incluso con los dentistas.


PROGRESOS Y ACTUALIDAD

  • Oler alcohol, agua oxigenada o suero ya no me provoca nada.
  • Que alguien hable de una operación o similar donde especifique síntomas y procesos ya no me provoca nada.
  • Entro a los hospitales y no me provoca nada.
  • Curé a un niño que le sangraba la nariz (a borbotones) y no sentí nada.
  • Ir al dentista (incluso que me operen y me pinchen) ya no me provoca nada.
  • En el último año me realicé tres análisis de sangre y solo en el último me desmayé (por bajón de azúcar).
  • Ver una imagen o vídeo de como le ponen una aguja a alguien, en ocasiones aún me da un poco de aversión pero no me marea.


Queda pendiente:
  • Hacer una donación de sangre.
  • Ver cómo le ponen una inyección a alguien o le sacan sangre.


CONCLUSIÓN

Sí, aún sigo en proceso con la fobia, voy escalando mi pirámide de situaciones fóbicas y sé que voy más avanzada de lo que jamás hubiese imaginado hace años. Lo que cuento en progresos ha costado años, y además se necesitaba poner de mi parte, dedicar tiempo a mi fobia y tener voluntad para avanzar.

¿Con este post que quería transmitir?

Que si queremos mejorar nuestra vida tenemos que poner ganas. Todo tiene su proceso, por lo que quizás veas resultados en una semana, tal vez en un mes o tal vez en un año, pero no hay que dejar de rendirse para mejorar en nuestro bienestar. Tened en cuenta que muchas de las fobias las adquirimos cuando somos pequeños, por lo que una problemática psicológica arraigada de hace años, como habéis visto en mi caso, muchas veces se agrava o extiende a otras áreas o situaciones, lo cual hace que el proceso sea más largo.

En alguna ocasión sentirás que no has avanzado nada o incluso que vas hacia atrás, que la fobia es superior a tus intentos, pero forma parte de nuestro aprendizaje y al igual que nuestra mente aprendió en su día que esa situación es aversiva para nosotros, es el momento de hacerle ver que no lo es, y eso requiere ir paso a paso.

Mi proceso aún no ha terminado, me queda bastante por andar. Os seguiré contando mi propia experiencia… porque estoy segura de que lo conseguiré :)


¿Y vosotros tenéis alguna fobia? 
¿Estáis en proceso o os lo estáis planteando? 
Contádmelo en los comentarios :)

lunes, 23 de noviembre de 2015

CRÍTICA: LA FORMACIÓN DE LOS PSICÓLOGOS

Durante todos los años de mi formación como psicóloga, he podido estar en contacto con otros profesionales de éste ámbito y a su vez, con compañeros de formación. Durante estos dos últimos años de experiencia he podido estar en contacto con muchos pacientes que me han transmitido su descontento hacia los psicólogos que le han atendido.


Desde mi punto de vista, un psicólogo no solo se forma de teoría y práctica, sino de ganas, de sentido común, de pasión hacia lo que hace, de interés, de empatía... Es por ello que en este post me gustaría dar mi opinión sobre la formación de los psicólogos, sus metodologías y sus actitudes frente a los pacientes.

Son 4 los aspectos que me gustaría destacar:

Mantenerse actualizado. Este es un aspecto muy importante. Los psicólogos tenemos la obligación por norma deontológica de mantenernos continuamente actualizados. En pocas palabras, es importante formarse continuamente en diferentes trastornos, metodologías, enfoques, etc. y es que en esta profesión nunca dejas de ser estudiante, de nutrirte de todos los aspectos de la psicología y de todos los enfoques para poder saber qué engranajes tiene la persona que tienes delante, y qué es lo que mejor puede funcionar. A nivel personal, cada paciente que acude a mi consulta lo trabajo de forma individual y única, me vuelco en su caso, investigando cada detalle de su problema, la metodología que podría usar con él, nuevas formas de manejar la situación, etc.

Una “metodología” no lo resuelve todo. Me sorprendo cuando veo como hay profesionales que venden su metodología como un santo grial. “Con la hipnosis dejaras de fumar, dejaras de tener ansiedad, todo, la hipnosis resolverá todos tus problemas”.  No digo que la hipnosis no funcione, de echo hablaré sobre esto con más detalle en otro post, sino que no es una solución "milagrosa", al igual que podría decir de la meditación o mindfulness, o cualquier otra metodología que anuncian a bombo y platillo. Es importante ser humilde y sincero, siendo capaz de derivar en otros profesionales. En ocasiones me llegan comentarios de gente que no le ha funcionado la terapia y esto les hace desconfiar de nuestra profesión. Esto ocurre porque es probable que el terapeuta haya aplicado una técnica que quizás en ese trastorno o situación no es la más adecuada, o quizás es un apoyo pero no la solución. Si existen diferentes metodologías es porque existen diferentes dolencias y diferentes tipos de personas. Es por ello que, es importante fijarse en esa persona que tienes delante ya no solo en su problemática sino en su forma de interactuar con el mundo.


Rigor científica: centrarse en aquello que tiene rigor científica y dejar a un lado las creencias e ideales, es vital para poder realizar un buen tratamiento. En pocas palabras, meter a Dios o la veracidad de “poderes” mágicos en una situación de psicoterapia no es tener un rigor científico. Estamos hablando del psicólogo, no del paciente. El paciente está en su derecho de hablar en terapia de sus creencias y de cómo se siente la respecto. Pero en términos de psicología, estamos hablando de ciencia, no de creencias.

Fuera interferencias: una persona que pretende ayudar a otra tiene que mostrarse abierta a lo que le cuentan, y para ello es importante que no interfiera tu vida con tu profesión. Si crees que puedes transmitir tu malestar al paciente, tómate tu tiempo para reflexionar sobre ello. Tal y como dije en el artículo de: "Que sea psicólogo/a no significa que..." los psicólogos no dejamos de ser personas y podemos tener altibajos, problemas o malestar, si no te encuentras preparado para hacer frente a la solicitud de ayuda de otras personas, ya que te encuentras inmerso en tus problemas o has pasado por una situación difícil, entonces es el momento de desconectar. La consulta tiene que ser un espacio cómodo y seguro para el paciente, y el psicólogo tiene que encargarse de crear un buen clima.

Sé que quizás no tengo la suficiente experiencia como para opinar sobre ciertas metodologías y situaciones pero si a día de hoy continúan surgiendo este tipo de situaciones, psicólogos que hablan de Dios en procesos psicológicos, pacientes a los que no les ha funcionado... Y entonces es cuando yo me pregunto: ¿Son los profesionales los que no derivan a otro profesional o los pacientes que no saben a cuál acudir?

¡Gracias por leer Los engranajes de la Psicología! ¿Te ha parecido interesante este post? Puedes seguirme en Twitter: @psicologaribesFacebook: "Psicóloga Raquel Ribes", o en Google + y estarás al corriente de todas las actualizaciones. Para cualquier duda estoy on-line y de forma física en la red de psicólogos en Gandia (Valencia, España). ¡Feliz día! :)

viernes, 6 de noviembre de 2015

PSICOLOGÍA VS PSIQUIATRÍA

A día de hoy aún existen personas que confunden la psicología con la psiquiatría y viceversa. Y no les culpo, la verdad es que las películas, los relatos, los mitos y leyendas urbanas nos han hecho mucho daño y han contribuido a una gran confusión, ya no de términos, sino de profesiones.


Entonces, ¿Cuál es la diferencia? En este post lo resumiré de forma breve sin entrar en matices para que se entienda de forma fácil y rápida.

Aunque la profesión de ambos profesionales se destina a la salud mental de las personas cada una se realiza y se destina a una causa diferente:

PSICÓLOGO
PSIQUIATRA
Salud mental
Salud mental
Licenciado en Psicología
Licenciado en Medicina
Problemas emocionales, trastornos de la conducta, trastornos de ansiedad, estado de ánimo, alimenticios, del sueño, etc.
Trastornos mentales graves
Pacientes que no requieren medicación
Pacientes que requieren medicación
Profesional que no receta medicamentos
Profesional que puede recetar medicamentos

Ambos profesionales no tienen la misma formación. Mientras que el psicólogo ha realizado la carrera de Psicología formándose durante 4 o 5 años, el psiquiatra se ha formado en medicina durante 6 años. Posteriormente, el psicólogo se ha especializado en un tipo de tratamiento, especialidad psicológica, metodología o enfoques diversos completando su formación, mientras que el médico se ha especializado en Psiquiatría. 

¿Para qué psicólogos habiendo psiquiatras?

Parece mentira, pero sí, hay personas que se han llegado a plantear esta pregunta. Cada uno es especialista de un tipo de problemáticas, es por ello que no iremos al otorrinolaringólogo si nos duele un diente, ya que para eso está el odontólogo, o tampoco iremos al gastroenterólogo si tenemos un problema en los ojos, ya que para eso está el oftalmólogo, aunque todos ellos se centren en el bienestar físico de las personas, cada uno se encuentra especializado en un tipo de problemática.

De esta forma, ocurre lo mismo en la salud mental, los psicólogos se ocupan del bienestar mental de las personas, menos en aquellos casos en los que el problema es crónico o es un trastorno mental severo que requiera de un control de medicación, en dicho caso, se encargan los psiquiatras.

¿A qué profesional de salud mental tengo que acudir?

Si tienes un problema emocional o de conducta es importante que acudas a un psicólogo cuanto antes mejor. Si tu problema es crónico o más severo y requiere de medicación será el psiquiatra quien se ocupará de tu caso. No obstante, si es la primera vez, siempre puedes consultar con el psicólogo y éste podrá evaluar tu problemática, y si lo considera oportuno, te derivará al profesional más adecuado en psiquiatría para que trabaje con tu caso.

Por ejemplo, no es lo mismo tratar con una persona que tiene una depresión de hace varios meses (la qual sería tratada por un psicólogo) a tratar con una persona con depresión crónica que lleva ya muchos años y necesita de medicación para poder incluso levantarse de la cama.

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martes, 20 de octubre de 2015

QUE SEA PSICÓLOGO/A NO SIGNIFICA QUE...

En este artículo no vas a encontrar una nueva pauta, estrategia o consejo. Es un post mucho más personal, un post en el que quiero hablar del rol del psicólogo “fuera de acción”.

Los psicólogos en nuestro día a día nos exponemos ante muchas personas desconocidas que acuden a nosotros en busca de ayuda. Nosotros, como profesionales que tenemos una siempre actualizable formación en el ámbito y una siempre mejorable experiencia, tenemos que hacer frente a una gran cantidad de mentes, cada una funcionando a un ritmo distinto, cada una de un mundo distinto, con sus previas vivencias, cada una con diferentes pensamientos, cada una…única. Los psicólogos siempre nos ponemos en el lugar del otro, y ahora en este post vamos a dar la vuelta a la tortilla e intentar que los demás entiendan nuestra postura.

Como personas, no vivimos por o para la psicología, aunque ésta forme parte de nuestra vida, sino que es nuestra profesión a la que dedicamos cada día muchas horas con pasión. Es por ello que fuera de nuestro rol como psicólogos no dejamos de ser personas que tienen su vida, sus amigos, familia, pareja, aficiones, etc.

Como profesionales somos responsables de transmitir durante nuestro ejercicio profesional una buena imagen y actitud, dejando a un lado nuestras creencias. No obstante, siempre nos exponemos a las críticas y prejuicios de los demás.


Con esto quiero decir que, el hecho de que sea psicóloga no significa que fuera de consulta las cosas no me lleguen a afectar, que no llore nunca (no soy de hierro), o incluso que nunca tenga conflictos con otras personas, aunque mi profesión me permita conocer otra forma de gestionar los problemas.

Que sea psicóloga no significa que no pueda salir con amigos, que no pueda cantar, bailar, reír hasta que me duela la barriga o incluso tomar alguna copa.

Que sea psicóloga no significa que no pueda pasar por un duelo o la ruptura de la relación con otra persona.

Que sea psicóloga y tenga un servicio de atención psicológica no significa pueda atenderte justo en ese determinado momento, como si se tratase de un super héroe que ha de acudir al rescate cueste lo que cueste. Como en cualquier otro servicio sanitario, existe una lista de citas.

Que sea psicóloga no significa que sea adivina o maga y que por tanto pueda solucionar tu vida en una sesión con un chasquido de dedos, y que además, sin conocerte ni saber de tu historia, pueda darte pautas y estrategias casi “mágicas”.

Que sea psicóloga no significa que en la calle o por las redes sociales, pueda atenderte como si de una sesión de terapia se tratase.

Que sea psicóloga no significa que en mi vida cotidiana no pueda enfadarme o sentir miedo, no soy un robot.

Que sea psicóloga no significa que todo lo que me rodea lo vaya a interpretar como una extensión de la psique de los demás, no todo tiene un significado psicológico.

Que sea psicóloga no significa que en mi vida personal no puedan hacerme fotos cuando estoy en mi tiempo libre, cuando me voy de viaje o cuando me voy a cenar con amigos.

Que sea psicóloga no significa que no pueda ir durante mis vacaciones a tomar el sol con mi biquini, salir a hacer deporte, o incluso, ¡por que no!, disfrazarme.

Que sea psicóloga no significa que deba tener el doble de edad para ser una mejor profesional, los años que uno tiene no lo son todo.

Que sea psicóloga no significa que tenga que estar 24 horas disponible para mis pacientes, como en cualquier servicio, existen unos horarios.

La psicología es nuestra profesión, pero fuera del rol como psicólogos no dejamos de ser personas y tenemos nuestra vida, al igual que tú, el/la que está leyendo esto.


Somos profesionales tolerantes, que no juzgamos a los demás ni por sus comportamientos, ni por sus actitudes, ni por su aspecto, ni por nada… sólo queremos ayudar. Entonces, nosotros también merecemos un respeto, ¿no? Ya no sólo como profesionales, sino como personas humanas que somos. Por desgracia, la psicología aún sigue arrastrando mitos (visita el artículo 'Mito y realidad en la Psicología') que ojalá pronto se disuelvan y podamos ejercer sin esas "etiquetas" sociales.

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viernes, 25 de septiembre de 2015

DIME CÓMO ES TU MIEDO Y TE DIRÉ SI ES UNA FOBIA

En este artículo podrás diferenciar de forma sencilla si tu miedo es “normal” o por lo contrario supone un problema de ansiedad mayor como el pánico o la fobia. ¿Te animas a continuar leyendo? Piensa en uno de tus miedos…


Podemos tener miedo a muchas cosas. A las alturas, a ciertos animales, a algunos objetos, a ciertas situaciones o personas, etc.

Decimos coloquialmente que tenemos "miedo" cuando sentimos que nos estamos poniendo en peligro con algo que no nos gusta, esa sensación en el estómago como si de repente se encogiera y te da “cosilla”, prefieres evitarlo, aunque si sucediera te pondrías muy nervios@ pero no sentirías que “la situación te supera”.

Cuando hablamos de pánico, fobia u otro trastorno de ansiedad, el miedo es mucho más intenso, de echo hace mella en tu vida y te incapacita ante ciertas situaciones. Además, es un miedo irracional, es decir, en ocasiones sólo con pensarlo, puedes tener casi los mismos síntomas, te puede hacer huir, gritar muy fuerte, sudar, paralizarte, desmayarte, sentir una gran presión en el pecho, taquicardia, etc.  Además, un aspecto muy característico es la excesiva preocupación.

¿Cómo aprendemos a tener miedo?

Los miedos son aprendidos en base a nuestra experiencia (cuando nos ha sucedido algo), por observación (cuando vemos que a alguien le ha pasado) o por historias (cuando nos lo han contado). 

Lo verás mucho más claro con estos ejemplos:
  •  Diana desde que tuvo un accidente de coche, cada vez que sube a uno se pone muy nerviosa, ese nervio no le hace salir corriendo o hiperventilar, pero le hace estar más alerta”. (miedo aprendido por experiencia).
  • Cuando Álex iba por la montaña con sus amigos, a uno de ellos le picó una serpiente. Ahora cada vez que Álex va por el campo o la montaña va muy alerta y se asusta cuando oye un ruido por miedo a que pueda ser una serpiente, pero eso no le impide ir allí”. (miedo aprendido por ver que a alguien le ha pasado - aprendizaje vicario).
  •  “Fátima oyó como su amiga contaba su angustiante experiencia al quedarse dentro de un ascensor que se paró. Ahora cada vez que Fátima tiene que coger un ascensor, se pone nerviosa y algunos días prefiere subir por las escaleras, pero no tiene inconveniente en subir a uno”. (miedo aprendido por escuchar la historia de alguien).
Entonces, ¿cómo se si es miedo o es fobia? En el siguiente cuadro se resume:

MIEDO
FOBIA O TRASTORNO DE ANSIEDAD
Racional
Irracional
Preocupación temporal
Excesiva preocupación
Susto
Terror
Nerviosismo, inquietud, palpitaciones...
Hiperventilación, mareo, desmayo, taquicardia…
Soportable.
Intenso insoportable (necesidad de huida).

De esta forma, podemos decir que mientras que el miedo nos ayuda a sobrevivir, la fobia nos impide vivir.

"¿Pero, si tengo fobia, pánico u otro trastorno de ansiedad tendría que acudir a terapia psicológica?" En el caso de que el malestar ante esa situación, objeto o persona es frecuente y por ello te impide realizar tu vida con normalidad, sí que es recomendable acudir a un psicólogo.

Basándome en los ejemplos anteriores, pongamos que el miedo de Diana a subir en coche termina en fobia, y ella todos los días tiene que desplazarse en coche para ir a trabajar, pero, con tal de no subirse, deja de ir a trabajar y quedar con las amigas. Este sería un caso que sí sería necesaria la terapia. En cambio, en el caso de Álex si él llega a tener fobia a las serpientes, pero sólo acude al campo algunos veranos y la probabilidad de serpientes es baja, a Álex su fobia no le está entorpeciendo su vida y, por tanto, no sería necesitaría una terapia. A no ser que Álex quisiese irse de viaje a un sitio donde, hay bastante probabilidad de encontrarse con serpientes, entonces se podría trabajar en su fobia para que pudiese llegar a controlar su ansiedad y así poder disfrutar de ese viaje.


¿Te acuerdas del miedo que pensaste al principio? ¿Entonces crees que es fobia o miedo?


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lunes, 14 de septiembre de 2015

"NO SIN MI MAMÁ": Trastorno de ansiedad por separación

De forma instintiva sabemos que sin nuestros cuidadores no podemos desenvolvernos en el mundo. Es por ello que el miedo a la separación es un miedo básico durante la infancia, y que se mantiene hasta los 6 años. Los miedos nos ayudan a sobrevivir, forman parte de nuestra supervivencia como especie, ya que nos previenen de posibles peligros que atenten contra nuestra vida.

Sin embargo, cuando este miedo tiene una duración desmesurada y se transforma en ansiedad es importante atender a la forma en la que se presenta y, en la medida de lo posible, consultar con un profesional de la psicología, tal y como hablamos en el artículo "NIÑOS CON ANSIEDAD".


¿Qué tipo de signos y síntomas pueden aparecer?

  • Malestar recurrente ante la separación real o anticipada con respecto a las figuras significativas. Es decir, aquellas con las que el niño o niña tiene un fuerte vinculo emocional (padres, tios, abuelos, etc.)
  • Preocupación excesiva por que a esas personas tan importantes para el/la niño/a les suceda algo malo y que no puedan volver a estar juntos.
  • Resistencia ante la posibilidad de situaciones que impliquen separación (pataletas, lloros, gritos, huidas, etc.).
  • Pesadillas sobre separaciones, abandonos, pérdidas, etc.
  • El niño suele decir que tiene mareos, dolor de estomago, nauseas, etc.

Ante la presencia de estas situaciones o la aparición de un malestar que esta afectando gravemente la vida del niño y con ello su rendimiento escolar y sus relaciones sociales; por ello es importante, como bien se ha mencionado anteriormente, contactar con un profesional de la psicología para descartar otro tipo de causas ajenas u otro tipo de trastorno (fobia social, trastorno de ansiedad generalizada, etc).

La ansiedad por separación suele aparecer en épocas de escolaridad, por el echo de que es un periodo de tiempo en el que el niño se encuentra fuera de casa. No obstante, también puede aparecer al irse de viaje, de excursión o a casa de un amigo.


¿Qué puede fomentar la aparición de este trastorno de ansiedad?

  • Estilo sobreprotector de los padres.
  • No permitir autonomía al niño a la hora de realizar actividades.
  • Relacionarse pocas veces con otras personas.
  • Predisposiciones fisiológicas (sudoración, rubor, temblores, etc.)
  • Presencia de trastorno de ansiedad, depresión mayor o trastorno de pánico en uno o ambos padres.
  • Aparición de suceso estresante (fallecimiento de familiar, separación de padres, fallecimiento de mascota, enfermedad del niño o de algún familiar, mudanza, cambio de escuela…).

Es importante fomentar una buena comunicación con el niño, cuanta más confianza haya entre padres e hijos es más probable que el niño exprese aquello que siente.


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lunes, 4 de mayo de 2015

¿CAMBIAMOS EL CHIP?: La Reestructuración Cognitiva

"El que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino" (Stephen Crane)

¿Te imaginas que nuestra mente fuese un chip que pudiésemos reemplazar? Podríamos cambiar fácilmente todos esos pensamientos odiosos que nos paralizan y no nos permiten avanzar, ¿verdad? Desafortunadamente ésto no es posible, pero la opción más parecida que disponemos es la Reestructuración Cognitiva.


Como psicóloga especializada en Terapia Cognitivo-Conductual, una de las terapias mejor reconocidas a nivel mundial, me gustaría en este post acercarles a una de las técnicas que se usa en éste tipo de terapia.

El objetivo de esta técnica se podría decir, de forma coloquial, que consiste en un cambio de chip mental. La persona mediante la Reestructuración Cognitiva realiza un cambio de pensamiento. No se pretende que la persona olvide lo que le ha sucedido en su vida, como el flash de los "Men in Black", pero sí centrarse en los pensamientos que pueden realmente ayudarle a seguir adelante, enfrentándose a sus miedos y eliminando así su malestar.

Es increíble como un solo cambio de pensamiento es capaz de hacer que veamos las cosas de otra forma y que demos un giro de 180º a nuestra vida.

¿Qué tipos de pensamientos hay?

Es importante diferenciar dos tipos de pensamientos:

Pensamientos racionales: son aquellos que se basan a nivel objetivo en nuestra experiencia, es decir, se corresponden con la realidad.

Pensamientos irracionales: son aquellos que no cuentan con suficientes datos reales y objetivos en qué apoyarse. Son aquellos que dan lugar a un malestar emocional e interfieren en la consecución de nuestros objetivos.

¿En qué consiste la Reestructuración Cognitiva?

La reestructuración cognitiva tiene dos pasos importantes:
  1. La detección de las ideas irracionales: es importante poner a prueba el pensamiento para ver si es un pensamiento irracional. La puesta a prueba se realiza mediante una serie de preguntas que ponen a prueba su objetividad y su utilidad para ver si realmente ese pensamiento nos sirve. Ya que, en tal caso, si vemos de primera mano que no nos beneficia y no se corresponde con la realidad, es más fácil desecharlo.
  2. El reemplazo de pensamiento: para el reemplazo de pensamiento, se busca una alternativa de pensamiento que pueda luchar contra ese pensamiento negativo, es por ello que debe cumplir una serie de aspectos: tiene que estar formulado a ser posible de forma positiva, ser concreto y específico. Durante el reemplazo de pensamiento, el terapeuta puede ayudar a encontrar ese pensamiento, puesto que es una tarea costosa en alguien que se levanta y lleva consigo cada día ese pensamiento en su mente. No obstante, es decisión de la persona  el elegir el pensamiento que crea mejor sustituto.

Entonces, ¿Aprender a pensar bien es posible?

Sí. Sin embargo, no es un proceso que se realiza por arte de magia. La persona necesita poner en práctica su cambio de pensamiento, ser constante y entregada en ello. Es por eso que se requieren de sesiones de terapia, que se pueden alargar según lo arraigado que se encuentre el pensamiento. Ten en cuenta que un pensamiento negativo puede venir desde la infancia y si, además, se presenta desde que uno se levanta hasta que se acuesta, son muchas horas para convencerse a si mismo de la importancia de ese pensamiento en su vida.

Durante el proceso, el profesional se convierte en una especie de entrenador mental que guía a la persona en su aprendizaje por pensar de forma sana. Ante todo, el profesional debe respetar cualquier creencia o ideal. La persona está en su derecho de creer aquello que le importe en su vida, no hay que quitarle importancia a los pensamientos, por absurdos que puedan parecer a entendimiento de otros. Asimismo, el psicólogo que aplique este tipo de técnica es importante que esté formado en Terapia Cognitivo-Conductual para saber cómo manejar este tipo de sesiones.

Recuerda: Los pensamientos, al igual que los aprendemos, los podemos desaprender. Cambiando tu mente puedes cambiar tu vida.

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lunes, 20 de abril de 2015

NIÑOS CON ANSIEDAD: Señales y actuación

Cuando aparece ansiedad durante la infancia o adolescencia es un claro signo de que algo en el niño o la niña le está perturbando emocionalmente. Los padres o tutores, son el pilar fundamental de los niños durante su crecimiento, son las personas que tienen como referencia para aprender formas de reaccionar y enfrentarse al mundo.


Si los padres del niño o niña son ansiosos, esa ansiedad pueden transmitirla al niño con ciertas frases como: “no te subas ahí que te harás daño”, “hoy no saldremos de casa que hace mal tiempo y nos puede caer un rayo”, “dámelo, que tú no vas a poder”, “con el viento que hace si nos cae algo en la cabeza…”, y créeme, esas frases pueden afectarle hasta en la vida adulta.

Está claro que proteger a los hijos es algo esencial, no se quiere que les pase nada, pero, es importante que experimenten también por su cuenta, que investiguen, se caigan, que vean que no hay que vivir con miedo. Es por ello que la sobreprotección hacia los hijos favorece la aparición de ansiedad. Al igual que otras actitudes como el conformismo, la impaciencia o la excesiva perfección, promueven que el niño en futuras situaciones no se vea capaz de afrontar las dificultades por si mismo.

¿Qué señales podrían indicar que el/la niño/a sufre ansiedad?
  • Temor a encontrarse solo (no quiere ir al colegio o a dormir a la cama).
  • Llora con frecuencia o se encuentra triste.
  • Se muerde las uñas, le sudan las manos o mueve las piernas y manos.
  • Le suele doler el estómago o la cabeza.
  • Se encuentra irritable o tiene rabietas.
  • Tiene dificultades para concentrarse
  • Es muy perfeccionista en sus tareas y se preocupa en exceso.
  • Se asusta con facilidad.
  • Duda mucho, es muy indeciso.
  • Le causa mucha vergüenza o especial reparo relacionarse con los demás.
  • Se levanta con sobresalto y tiene muchas pesadillas.
  • Necesita ir acompañado a cualquier sitio.
  • Renuncia a realizar actividades que le gustaban.

¿Cómo actuar ante la sospecha de ansiedad en el menor?

Es importante contactar cuanto antes con un profesional de la psicología que posea conocimientos acerca del tratamiento de la ansiedad, para que pueda trabajar tanto con los padres como con el niño en pautas y estrategias para afrontar su malestar.

En el caso de los padres, las estrategias se enfocarán a la hora de indicar qué frases y actitudes favorecen una mejor respuesta del niño en el entorno. Además, lo importante es que los padres sepan proporcionarle al niño varias opciones de respuesta para que pueda aprender de sus errores y de sus acciones. En el niño, el trabajo fundamental será en su autoestima, su autoconcepto y sus habilidades sociales. No obstante, éste es un trabajo que no sólo recae en el profesional, sino también dependerá de la colaboración de los más allegados.


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jueves, 26 de febrero de 2015

"CÓMO AYUDAR A MI HIJO EN SU CAMBIO DE PENSAMIENTO"



Cuando un niño empieza una terapia con un psicólogo, los padres y familiares son las personas más importantes durante el proceso de intervención, puesto que son el refuerzo y apoyo más cercano que va a tener. Es por ello que los psicólogos solemos dar pautas a los padres y les informamos sobre aspectos que hay que tener en cuenta para que el niño pueda desarrollarse correctamente a nivel emocional. Desde pequeños podemos tener pensamientos fugaces que pueden hacer mella en nuestro estado de ánimo. Los pensamientos fugaces son aquellos que parecen de forma tan rápida y automática que a veces ni nos acordamos de ellos, puesto que la mayoría de ellos son absurdos e irracionales. Sólo cuando le damos más importancia de la que se merecen es cuando realmente influyen en nuestra vida.



Cuando somos niños, también podemos llegar a tener pensamientos negativos de nosotros. Y si crecemos junto con ellos, pueden afectar a nuestro bienestar emocional. 

El procedimiento de un cambio de pensamiento es muy distinto de los adultos, puesto que si el niño es muy pequeño no tiene la misma capacidad de razonar, ya que se encuentra en una etapa aún en pleno desarrollo en la que existe mucha fantasía, tal y como hablamos en el post “Sin miedo a la oscuridad”. Durante este tránsito complejo, por el cual el niño se encuentra en la adquisición de otros hábitos más saludables de pensamiento, los padres pueden ayudar en casa a que el niño tenga un pensamiento mucho más saludable.

"¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a cambiar el pensamiento?"

A través de los cuentos, los juegos y las fantasías es más fácil llamar su atención y promover de esta forma el cambio. Asimismo, puedes hablarle de un personaje ficticio como el primo del ratoncito Pérez el cual he invencionado:

“Aunque éste también se llamaba Pérez, no tenían el mismo empleo. A Pérez 1 le tocó recoger los dientes de leche de debajo de la almohada y dejar una recompensa a cambio. Mientras que a Pérez 2, le tocaba ayudar a transformar lo negativo en positivo. ¿Cómo? Antes de irse a dormir, los niños tenían que escribir en un trocito de papel,  ese pensamiento malo que no les hacia bien. Así el ratoncito se lo llevaría y lo tiraría a la basura, dejando debajo de la almohada un pensamiento mucho más bonito y una recompensa por haber tirado ese pensamiento malo. Pero no todo está hecho, para destruir ese pensamiento malo tienes que esforzarte en recordar ese pensamiento bueno para que sea él quien gane la batalla”.

Ese pensamiento bonito será colgado en su habitación, en el frigorífico o en un sitio muy visible de la casa, para que el niño pueda verlo todos los días. El apoyo de la familia a la hora de promover unos pensamientos saludables en el niño hará que su autoestima y su autoconcepto se desarrollen de forma adecuada. Hay que tener en cuenta que, durante los primeros años de vida, es muy importante el correcto desarrollo de estos dos conceptos tan importantes en el bienestar emocional de la persona.

Minicuentos para niños sobre: LA VISIÓN DEL OTRO y LA ENVIDIA.

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viernes, 14 de noviembre de 2014

LA VIDA ES COMO UN JUEGO

Nuestra vida da muchas vueltas, como un juego. Vamos a suponer que es como el Juego de la Oca. 

Nos planteamos una meta (la oca central) y vamos avanzando en ella dando pequeños pasos y respetando los turnos. Los dados de nuestra vida están tocados por el azar, son inciertos, puesto que de un momento a otro no podemos saber nunca lo que puede suceder. Al igual que la vida, no podemos saber lo que nos depara, pero no importa si sabemos cómo y a dónde queremos llegar.

El camino no es fácil puesto que existen casillas, como días de nuestra vida, a las que caeremos y estaremos unos turnos sin poder tirar, no podremos avanzar porque no ha sido un día bueno, pero forman parte de nuestra experiencia. La primera, el pozo, es el típico bajón, te da un pequeño susto, como un agujero en el camino, es algo que no te esperabas, pequeños sucesos de la vida que nos devuelven al presente. El segundo, la pensión, a veces tenemos que aprender a descansar a mitad de camino para recuperar fuerzas, y aunque eso suponga quedarse algunos turnos sin avanzar, puede que nos ayude a focalizar mejor la meta. Vamos avanzando, y en el camino se nos presentan pequeñas oportunidades, que si las aprovechamos, nos hacen avanzar como los puentes y nos ayudan a pasar de un lado a otro.

avanzar en la vida

También están las ocas, como todas esas personas que pasan por nuestra vida, si caes en aquella negativa y pesimista que mira hacia atrás, te hará retroceder unos pasos, pero si caes en aquella positiva y alentadora que mira hacia adelante te podrá ayudar a avanzar unos cuantos pasos más, pero… nunca se sabe. Hay que tener cuidado, porque por el camino podemos llegar a adentrarnos en un laberinto, sentirnos perdidos, sin saber realmente si vamos por el buen camino, de modo que toca quedarse y reflexionar.

Durante nuestro camino hacemos cosas mal (la prisión), nos equivocamos y tenemos que asumir nuestras responsabilidades, de modo que tenemos que ocuparnos de ello y quedamos un tiempo recapacitando.


Vamos avanzando y cuando más cerca de la meta más cuidado hay que tener y más atentos hay que estar, porque muchas veces nos ilusionamos, lo vemos tan cerca que nos creamos falsas expectativas, ya lo estamos celebrando pero aún no hemos llegado. De modo que, cuando más cerca estamos más fuerza y empeño hay que poner porque de repente surge un imprevisto, caes en la calavera, y… tenemos que volver a empezar. 

Aquellos que ya estaban saboreando la victoria se hundirán y perderán sus fuerzas por pereza a recorrer el mismo camino, mientras que los que seguían con todas sus fuerzas viéndolo tan cerca y a la vez tan lejos, no desistirán y cogerán los dados de su vida para querer volver a tirar y avanzar. ¿Porqué? Porque la meta sigue ahí, no se ha movido, el único que se ha movido eres tú, y sabes que puedes llegar hasta arriba porque ya has pasado por muchas cosas, y eso te ha permitido aprender. Aprender a ser paciente, a no perder la esperanza, a que nada está escrito y que sólo tú eres el que decide seguir avanzando.

¿Y lo gratificante que es esforzarse y llegar por mérito propio a tu meta? Esa sensación no te la puede quitar nadie, porque esa sensación se gana, no se regala.


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