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viernes, 25 de septiembre de 2015

DIME CÓMO ES TU MIEDO Y TE DIRÉ SI ES UNA FOBIA

En este artículo podrás diferenciar de forma sencilla si tu miedo es “normal” o por lo contrario supone un problema de ansiedad mayor como el pánico o la fobia. ¿Te animas a continuar leyendo? Piensa en uno de tus miedos…


Podemos tener miedo a muchas cosas. A las alturas, a ciertos animales, a algunos objetos, a ciertas situaciones o personas, etc.

Decimos coloquialmente que tenemos "miedo" cuando sentimos que nos estamos poniendo en peligro con algo que no nos gusta, esa sensación en el estómago como si de repente se encogiera y te da “cosilla”, prefieres evitarlo, aunque si sucediera te pondrías muy nervios@ pero no sentirías que “la situación te supera”.

Cuando hablamos de pánico, fobia u otro trastorno de ansiedad, el miedo es mucho más intenso, de echo hace mella en tu vida y te incapacita ante ciertas situaciones. Además, es un miedo irracional, es decir, en ocasiones sólo con pensarlo, puedes tener casi los mismos síntomas, te puede hacer huir, gritar muy fuerte, sudar, paralizarte, desmayarte, sentir una gran presión en el pecho, taquicardia, etc.  Además, un aspecto muy característico es la excesiva preocupación.

¿Cómo aprendemos a tener miedo?

Los miedos son aprendidos en base a nuestra experiencia (cuando nos ha sucedido algo), por observación (cuando vemos que a alguien le ha pasado) o por historias (cuando nos lo han contado). 

Lo verás mucho más claro con estos ejemplos:
  •  Diana desde que tuvo un accidente de coche, cada vez que sube a uno se pone muy nerviosa, ese nervio no le hace salir corriendo o hiperventilar, pero le hace estar más alerta”. (miedo aprendido por experiencia).
  • Cuando Álex iba por la montaña con sus amigos, a uno de ellos le picó una serpiente. Ahora cada vez que Álex va por el campo o la montaña va muy alerta y se asusta cuando oye un ruido por miedo a que pueda ser una serpiente, pero eso no le impide ir allí”. (miedo aprendido por ver que a alguien le ha pasado - aprendizaje vicario).
  •  “Fátima oyó como su amiga contaba su angustiante experiencia al quedarse dentro de un ascensor que se paró. Ahora cada vez que Fátima tiene que coger un ascensor, se pone nerviosa y algunos días prefiere subir por las escaleras, pero no tiene inconveniente en subir a uno”. (miedo aprendido por escuchar la historia de alguien).
Entonces, ¿cómo se si es miedo o es fobia? En el siguiente cuadro se resume:

MIEDO
FOBIA O TRASTORNO DE ANSIEDAD
Racional
Irracional
Preocupación temporal
Excesiva preocupación
Susto
Terror
Nerviosismo, inquietud, palpitaciones...
Hiperventilación, mareo, desmayo, taquicardia…
Soportable.
Intenso insoportable (necesidad de huida).

De esta forma, podemos decir que mientras que el miedo nos ayuda a sobrevivir, la fobia nos impide vivir.

"¿Pero, si tengo fobia, pánico u otro trastorno de ansiedad tendría que acudir a terapia psicológica?" En el caso de que el malestar ante esa situación, objeto o persona es frecuente y por ello te impide realizar tu vida con normalidad, sí que es recomendable acudir a un psicólogo.

Basándome en los ejemplos anteriores, pongamos que el miedo de Diana a subir en coche termina en fobia, y ella todos los días tiene que desplazarse en coche para ir a trabajar, pero, con tal de no subirse, deja de ir a trabajar y quedar con las amigas. Este sería un caso que sí sería necesaria la terapia. En cambio, en el caso de Álex si él llega a tener fobia a las serpientes, pero sólo acude al campo algunos veranos y la probabilidad de serpientes es baja, a Álex su fobia no le está entorpeciendo su vida y, por tanto, no sería necesitaría una terapia. A no ser que Álex quisiese irse de viaje a un sitio donde, hay bastante probabilidad de encontrarse con serpientes, entonces se podría trabajar en su fobia para que pudiese llegar a controlar su ansiedad y así poder disfrutar de ese viaje.


¿Te acuerdas del miedo que pensaste al principio? ¿Entonces crees que es fobia o miedo?


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lunes, 14 de septiembre de 2015

"NO SIN MI MAMÁ": Trastorno de ansiedad por separación

De forma instintiva sabemos que sin nuestros cuidadores no podemos desenvolvernos en el mundo. Es por ello que el miedo a la separación es un miedo básico durante la infancia, y que se mantiene hasta los 6 años. Los miedos nos ayudan a sobrevivir, forman parte de nuestra supervivencia como especie, ya que nos previenen de posibles peligros que atenten contra nuestra vida.

Sin embargo, cuando este miedo tiene una duración desmesurada y se transforma en ansiedad es importante atender a la forma en la que se presenta y, en la medida de lo posible, consultar con un profesional de la psicología, tal y como hablamos en el artículo "NIÑOS CON ANSIEDAD".


¿Qué tipo de signos y síntomas pueden aparecer?

  • Malestar recurrente ante la separación real o anticipada con respecto a las figuras significativas. Es decir, aquellas con las que el niño o niña tiene un fuerte vinculo emocional (padres, tios, abuelos, etc.)
  • Preocupación excesiva por que a esas personas tan importantes para el/la niño/a les suceda algo malo y que no puedan volver a estar juntos.
  • Resistencia ante la posibilidad de situaciones que impliquen separación (pataletas, lloros, gritos, huidas, etc.).
  • Pesadillas sobre separaciones, abandonos, pérdidas, etc.
  • El niño suele decir que tiene mareos, dolor de estomago, nauseas, etc.

Ante la presencia de estas situaciones o la aparición de un malestar que esta afectando gravemente la vida del niño y con ello su rendimiento escolar y sus relaciones sociales; por ello es importante, como bien se ha mencionado anteriormente, contactar con un profesional de la psicología para descartar otro tipo de causas ajenas u otro tipo de trastorno (fobia social, trastorno de ansiedad generalizada, etc).

La ansiedad por separación suele aparecer en épocas de escolaridad, por el echo de que es un periodo de tiempo en el que el niño se encuentra fuera de casa. No obstante, también puede aparecer al irse de viaje, de excursión o a casa de un amigo.


¿Qué puede fomentar la aparición de este trastorno de ansiedad?

  • Estilo sobreprotector de los padres.
  • No permitir autonomía al niño a la hora de realizar actividades.
  • Relacionarse pocas veces con otras personas.
  • Predisposiciones fisiológicas (sudoración, rubor, temblores, etc.)
  • Presencia de trastorno de ansiedad, depresión mayor o trastorno de pánico en uno o ambos padres.
  • Aparición de suceso estresante (fallecimiento de familiar, separación de padres, fallecimiento de mascota, enfermedad del niño o de algún familiar, mudanza, cambio de escuela…).

Es importante fomentar una buena comunicación con el niño, cuanta más confianza haya entre padres e hijos es más probable que el niño exprese aquello que siente.


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miércoles, 8 de julio de 2015

¿ERES UN X-MEN? La lectura de pensamiento

Si piensas en lo que están pensando los otros, tus pensamientos se convierten en los posibles pensamientos del otro, pero el pensamiento que piensas que es del otro no deja de ser un pensamiento propio. ¡Menudo lío! Parece un trabalenguas, ¿verdad? pero es lo que suele ocurrir.


Cómo nos gusta intentar leer el pensamiento de los demás… Sí, sí, estamos hablando de telepatía. ¿Nos hemos convertido en un X-MEN como el profesor X? Leer el pensamiento de otras personas lo hacemos más de lo que creemos, de hecho lo intentamos hacer muy a menudo.

“¿Qué pensará de mi?”
"¿Qué pensará de ésta situación?”
“¿Le habré caído bien?”
“A ver si va a pensar que me quiero ir…”
“Seguro que ha hecho ese gesto pensando en mi”
“Seguro que está pensando que soy un pesado/ torpe/entrometido…”

La lectura de pensamiento es una forma que tenemos de intentar controlar lo que ocurre a nuestro alrededor, suele suceder en personas que son inseguras de sí mismas. Es una forma de intentar adelantarse a la forma en que esa persona que tenemos delante puede influenciarnos, si de forma positiva o negativa. Lo que no sabemos es que llegamos a comernos tanto el tarro intentando descifrar en qué piensan los demás de una situación o de nosotros mismos, que descuidamos lo que nos está sucediendo en el presente. Es decir, nos preocupamos tanto por algo que no sabemos si es cierto o no que nos crea una ansiedad innecesaria y anticipada (como hablé en el artículo “¿Somos adivinos? la profecía autocumplida”).


Al principio os he presentado lo que podría llegar a ser un buen trabalenguas, pero que es un círculo vicioso de malos hábitos de pensamiento. Es por ello que la mejor forma de romper el bucle es acabar con esa telepatía. ¿Cómo? Teniendo en cuenta estos 3 aspectos tan cotidianos:
  • Preguntar: algo tan sencillo como preguntar a la otra persona nos sacará de todos esos quebraderos de cabeza. “¿Te ha molestado lo que te he dicho?”, "¿Te parece bien?". Eso si, preguntar para dejar de imaginar, suponer o malinterpretar, no para buscar una valoración continua del otro.
  • Tolerar la incertidumbre: No todo lo podemos controlar, y aquello por lo que nos preocupamos la mayoría de las veces son cosas banales. Si realmente tienes un problema que te preocupa,y tienes que tomar una decisión, entonces establece un “tiempo para preocuparse”. Sí, tan sencillo como crear un horario: de 9:00 – 14:00 trabajo, 14:00-15:00 comida, de 17:00 a 18:00 gestionar el problema. Asi mientras trabajas, estudias, o duermes no te vas a preocupar. Todo a su debido tiempo.
  • No depender de la opinión de los demás: ¿Para qué quieres que alguien confirme lo que dices? No necesitas que te den un “aprobado” a todo lo que haces. La solución se encuentra en confiar en uno mismo. Cuando empieces a confiar en tus actos dejarás de depender de la opinión de los demás.
Leer el pensamiento de otras personas no deja de ser un acto creativo en el que ponemos en práctica nuestra imaginación. Sin embargo, esto puede ocasionar problemas a la hora de relacionarnos con otras personas, sobretodo a la hora de buscar nuevas amistades. Cuanto menos se conoce a esa persona, más se le intenta leer el pensamiento, ya que ante el desconocimiento, las personas inseguras intentan buscar la forma de controlar la situación.



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lunes, 25 de mayo de 2015

LOS 4 PENSAMIENTOS MÁS DESTRUCTIVOS

Tenemos barbaridad de pensamientos al día. Algunos son conscientes, es decir, nos damos cuenta de ellos; y otros son inconscientes o automáticos, es decir, son tan fugaces que ocurren sin darnos cuenta, suponen mili-segundos, pero nos afectan más de lo que creemos. 


Cuando a un pensamiento se le da demasiada importancia se llega a convertir en un hábito. De esta forma, si el pensamiento es negativo puede desencadenar un mal hábito de pensamiento. Imagínate que, desde que te levantas hasta que te acuestas, tienes un megáfono diciéndote lo mal que lo haces todo, lo torpe que eres… ¿Cómo te sentirías? Es posible que nos sintiésemos tristes, apáticos, o incluso enfadados ¿verdad? Lo que no tenemos en cuenta es que el cómo nos sentimos depende de nosotros mismos. No obstante, con este ejemplo, el megáfono se encuentra fuera, por lo que seríamos más conscientes de su presencia, pero imagínate que ocurre lo mismo pero dentro de nuestra cabeza, la mayoría de las veces de forma automática, inconsciente y por ello, más difícil de detectar. Qué tortura ¿no? Pues esto ocurre más de lo que se piensa.

Es por ello que en este post quería daros a conocer los 4 hábitos de pensamiento más destructivos:
  • La generalización: “no valgo para nada”, “toda mi vida es un asco”. Usar términos absolutistas como “nada”, “nunca” o “siempre” y generalizarlos en nuestra vida, nos limita a la hora de buscar oportunidades y aprovechar nuestra valía. Reflexiona un momento: ¿Realmente nunca haces nada bien? ¿Realmente toda tu vida ha sido un asco?
  • Las etiquetas: “soy un desastre”,” soy un/a vago/a”, “soy un/a tonto/a”... ¿Sabes qué ocurre cuando nos etiquetamos a nosotros mismos? Que al final nos lo creemos. Por ello es importante quererse para seguir adelante y no creernos algo que no somos. No digo que en ocasiones se tenga una conducta torpe o vaga, pero es eso, la forma de actuar, no hay que aplicarlo a la forma de ser.
  • La visión catastrófica: “ya verás como no me saldrá bien”, tener una visión negra de nuestro porvenir o de cómo nos va a surgir, es adelantarse de forma innecesaria a los acontecimientos. No contribuyas a que salga mal con tu mala actitud, vista al frente y adelante :)
  • La autoexigencia: los “debería” o los “tendría que”. Cuando nos exigimos demasiado a nosotros mismos dejamos paso al estrés, la ansiedad y el sufrimiento. Por ello es importante centrarse en el “quiero” y en el “puedo” y dejar el “tengo”. Cuando nos imponemos algo como una obligación al final no se realiza con las mismas fuerzas y ganas.

Realmente no nos damos cuenta de que somos nosotros mismos quienes nos auto-criticamos y nos limitamos en muchas ocasiones, y ésto puede afectar gravemente a nuestra autoestima, llegando a ser víctimas de nuestras propias acusaciones. No tenemos que culparnos por la forma en la que pensamos, es aprendido y forma parte de las experiencias que vivimos; pero darse cuenta de ellos es el primer paso para el cambio.

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lunes, 20 de abril de 2015

NIÑOS CON ANSIEDAD: Señales y actuación

Cuando aparece ansiedad durante la infancia o adolescencia es un claro signo de que algo en el niño o la niña le está perturbando emocionalmente. Los padres o tutores, son el pilar fundamental de los niños durante su crecimiento, son las personas que tienen como referencia para aprender formas de reaccionar y enfrentarse al mundo.


Si los padres del niño o niña son ansiosos, esa ansiedad pueden transmitirla al niño con ciertas frases como: “no te subas ahí que te harás daño”, “hoy no saldremos de casa que hace mal tiempo y nos puede caer un rayo”, “dámelo, que tú no vas a poder”, “con el viento que hace si nos cae algo en la cabeza…”, y créeme, esas frases pueden afectarle hasta en la vida adulta.

Está claro que proteger a los hijos es algo esencial, no se quiere que les pase nada, pero, es importante que experimenten también por su cuenta, que investiguen, se caigan, que vean que no hay que vivir con miedo. Es por ello que la sobreprotección hacia los hijos favorece la aparición de ansiedad. Al igual que otras actitudes como el conformismo, la impaciencia o la excesiva perfección, promueven que el niño en futuras situaciones no se vea capaz de afrontar las dificultades por si mismo.

¿Qué señales podrían indicar que el/la niño/a sufre ansiedad?
  • Temor a encontrarse solo (no quiere ir al colegio o a dormir a la cama).
  • Llora con frecuencia o se encuentra triste.
  • Se muerde las uñas, le sudan las manos o mueve las piernas y manos.
  • Le suele doler el estómago o la cabeza.
  • Se encuentra irritable o tiene rabietas.
  • Tiene dificultades para concentrarse
  • Es muy perfeccionista en sus tareas y se preocupa en exceso.
  • Se asusta con facilidad.
  • Duda mucho, es muy indeciso.
  • Le causa mucha vergüenza o especial reparo relacionarse con los demás.
  • Se levanta con sobresalto y tiene muchas pesadillas.
  • Necesita ir acompañado a cualquier sitio.
  • Renuncia a realizar actividades que le gustaban.

¿Cómo actuar ante la sospecha de ansiedad en el menor?

Es importante contactar cuanto antes con un profesional de la psicología que posea conocimientos acerca del tratamiento de la ansiedad, para que pueda trabajar tanto con los padres como con el niño en pautas y estrategias para afrontar su malestar.

En el caso de los padres, las estrategias se enfocarán a la hora de indicar qué frases y actitudes favorecen una mejor respuesta del niño en el entorno. Además, lo importante es que los padres sepan proporcionarle al niño varias opciones de respuesta para que pueda aprender de sus errores y de sus acciones. En el niño, el trabajo fundamental será en su autoestima, su autoconcepto y sus habilidades sociales. No obstante, éste es un trabajo que no sólo recae en el profesional, sino también dependerá de la colaboración de los más allegados.


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martes, 7 de abril de 2015

¿POR QUÉ A MI?

Desde que somos pequeños intentamos buscar explicación a cada una de las cosas que nos suceden, de hecho, todos pasamos por una etapa llamada “la etapa de los porqués” puesto que estamos en plena “investigación” de nuestro mundo y de lo que ocurre a nuestro alrededor. Queremos saber la causa de todo.


Cuando nos hacemos mayores, esta búsqueda de explicación en algunas personas no termina, y cuando les ocurre una desgracia se preguntan: “¿Qué me pasa, tendré mala suerte?”,“¿Es que soy un desastre?”, “¿Por qué me tiene que pasar esto a mi?” es entonces cuando pensamos que el mundo está en nuestra contra y nos da mucha rabia.

Antes de continuar leyendo ten una cosa clara: tú no eres culpable de cada una de las cosas que ocurren a tu alrededor. Tampoco pienses que pasa por alguna razón o incluso que te lo mereces. Simplemente las cosas pasan y muchas veces son incontrolables, el objetivo es no buscar el POR QUÉ de las cosas, sino el CÓMO hacerles frente. Asimismo, cuando a varias personas les ocurre una misma situación se tiende a pensar: “¿Por qué yo he actuado así y él/ella no?”, “¿Por qué yo me siento así y él/ella no?"...


Todo ello tiene que ver con estos 5 aspectos que hay que tener en cuenta sobre nosotros mismos:
  • La educación: según la educación que hemos recibido durante nuestra vida a través de la escuela, los padres y familiares, aprendemos una forma diferente de ver el mundo y de adquirir conocimientos. Es por ello que la mayoría de las cosas, al igual que nuestra forma de actuar, las adquirimos por aprendizaje y por experiencia.
  • La personalidad: cada persona forja su personalidad y con ella una actitud frente a las situaciones. Por ejemplo: una persona tímida atenderá de forma diferente aquello que pasa a diferencia de una persona extrovertida, no es que una personalidad sea mejor que otra, son diferentes formas de proceder frente a una misma cosa.
  • La interpretación de las cosas: la interpretación de lo que sucede a nuestro alrededor tiene mucho que ver con cómo nos lo tomamos y cómo reaccionamos a ello. Es por ello que, cuando algo lo interpretamos como amenazante o negativo vamos a reaccionar de diferente forma que si de algo positivo se tratase.
  • Las creencias, valores e ideas preconcebidas: cuando nosotros tenemos forjadas unas creencias, unos valores y unas ideas, éstas conforman nuestra forma de ver el mundo, aquello que es justo y lo que no, aquello que tendríamos que hacer y lo que no, lo bueno y lo malo, lo que es correcto y lo que no, etc.
  • La atribución de un hecho: todas las cosas que nos suceden las atribuimos en interno o externo y en controlables o incontrolables, y en función de ello nos afecta de una forma u otra. Aquellas cosas que atribuimos de forma interna son aquellas que son de nuestra responsabilidad, a diferencia de las externas. Y aquellas que consideramos incontrolables son las que no podemos predecir que sucedan, a diferencia de las controlables. Por ejemplo: no es lo mismo decir: “el profe me ha suspendido matemáticas” que “he suspendido matemáticas”. Es decir, todo tiene que ver en si somos capaces de ver cuando somos responsables de ello y cuando no.
Cuando todo parece salir mal, pensamos que el mundo está "compinchado" para hacernos la "puñeta", pero no hay un complot, ni hay mala suerte, todo es cuestión de pensamiento y actitud. En terapia psicológica se suelen trabajar este tipo de pensamientos para que las personas dejen de ver ese acontecimiento como un muro, y empiecen a verlo como un puente al que tienen que hacer frente y atravesar.

Es por ello que, cuando una persona intenta siempre buscar el “porqué” ha pasado algo, puede dejar de hacer cosas por "miedo a" y llevarla a una gran desesperación que a largo plazo puede derivar en depresión. Por muy extraordinario que parezca, no existe un por qué concreto para cada una de las cosas que nos suceden, hay que verlo como un conjunto de acontecimientos y circunstancias.


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jueves, 15 de enero de 2015

"TENGO UN NUDO EN LA GARGANTA"


Seguro que alguna vez habéis sentido un nudo en la garganta muy molesto que os impide tragar con normalidad. Este “nudo”, también llamado bolo histérico, supone una de las somatizaciones más frecuentes de nuestro estado de ánimo. En nuestro día a día sufrimos por situaciones, tenemos conflictos y nos preocupamos por aspectos a los que no encontramos solución, este tipo de preocupaciones se derivan en somatización, es decir, el cuerpo expresa de forma orgánica ese malestar. Al igual que el nudo en la garganta, otras de las somatizaciones más frecuentes suelen ser: el dolor de cabeza, el nudo en el estómago y dolor de barriga.

Este tipo de dolencias, al ser físicas, no se suele pensar en que su origen puede también ser psíquico, de modo que tenemos la mala costumbre de recurrir a lo físico como: “me habrá sentado mal la comida”, “igual tengo un virus”, “tendré acidez por haber comido demasiado”, etc. Y como tal, tendemos a solucionarlo con una pastilla o con algún remedio, y aunque se nos pase el “efecto” físico, lo emocional no ha sido resuelto dentro de nosotros.


¿Qué ha podido causar ésta molestia?

Conocer las causas que pueden provocar este tipo de molestias pueden ayudarte a comprender mejor su manifestación. En este caso te lo puedo resumir con una palabra: ansiedad. Aunque no hayas estado expuesto a ese problema, puedes haber visualizado la situación o haber tenido pensamientos negativos y angustiantes. Esto crea una ansiedad anticipada, que es una de las mayores causas de este tipo de somatizaciones.

¿Cómo puedo evitarlo?
  • Céntrate en el presente: ésta es la principal arma contra la ansiedad anticipada, y es que adelantarse a lo que puede venir nos supone una angustia que podemos evitar centrándonos más en el aquí y ahora (ver post "nuestro piloto automático")
  • Enfréntate a tus miedos: Toma conciencia de tus miedos y desarrolla nuevas estrategias para luchar contra ellos, que éstos no puedan contigo, ¡tú tienes el control! ;)
  • Saca tus emociones: en ocasiones nos callamos por no entrar en conflicto, nos reprimimos por no llorar, nos aguantamos la risa, nos enfadamos y no lo expresamos, etc. todas estas limitaciones que ponemos en nuestras emociones se acumulan dentro de nosotros. Encuentra tu momento y grita tan fuerte como quieras, llora, rie, baila, dale fuerte a una almohada y descarga toda esa energía acumulada. Dile a esa persona todo aquello que te gustaría decirle o escríbelo en una carta y quémala para siempre, el objetivo es que salga de tí.
  • Tomate un respiro: en nuestra sociedad solemos experimentar estrés de forma habitual (ver post "el estrés un triturador"), es por ello que, darse un tiempo para uno mismo y relajar el cuerpo aliviando tensiones innecesarias nos ayuda a recuperar esa salud que tenemos abandonada.

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lunes, 1 de septiembre de 2014

ESTRATEGIAS PARA MEMORIZAR



Cada uno tiene sus estrategias y formas a la hora de estudiar y memorizar cierta información.


A nivel general existen tres tipos de estudio:

Estudio literal:  
Este estilo consiste en memorizar literalmente. Lo que hacemos es enlazar unas palabras con otras, de forma que cuando nos acordamos de una pasamos a acordarnos de la otra como un efecto dominó. Cuando se usa este tipo de estudio se suele aprender por repetición contínua.

Usamos ésta cuando entre las palabras no encontramos un sentido o un significado. También cuando tenemos que recordar ciertas fórmulas o nombres.

Vamos a probar, coge papel y boli, lee sólo una vez y despacio una por una las palabras de la lista y luego apunta las que te acuerdes:
Lista 1: Silencio, esperanza, cuatro, virtud, geografía, influencia, engaño, idea, cercano.

Estudio por significado:  
Este estilo consiste en memorizar basándose en el significado que le damos a las cosas. Es decir, no lo memorizamos literalmente palabra por palabra sino que nos basamos en la comprensión y el significado de la frase para recordarla en el contexto.

Vuelve a coger papel y boli, a ver cuantas recuerdas de la siguiente lista leyendo solamente una vez:
Lista 2: Gran, montaña, quemada, pueblo, hombres, mujeres, asustados, corriendo, buscando, agua.


Estudio por estrategia:
En este tipo de estudio es cuando creamos nuestra estrategia, otorgando nosotros mismos un significado personal para acordarnos, creando un dibujo o imagen mental de ello.
¿Probamos? Ahora lee la siguiente lista como has hecho anteriormente y apunta:
Lista 3: Lago, pez, pelota, barca, niño, sonrisa, sombrero, hombre, llave, agua.

Ahora revista en cada lista de cuantas palabrasa te has acordado. Lo más probable es que de la lista 1 recuerdes muy poco debido a que las palabras no tenían un significado común, de la lista 2 la gran mayoría ya que perfectamente podía ser una frase, y la lista 3 dependiendo de la estrategia que hayas usado. Por ejemplo en esta frase nos podemos haber imaginado una escena en la que hay un hombre con sombrero y un niño con una pelota en una barca, en un lago con agua y le cae una llave, en cuyo caso también habras recordado una buena parte.

Os dejo con algunas estrategias:

“Me acuerdo de la página pero no de lo que ponía” (Memoria visual).
¿Alguna vez te ha sucedido haciendo un examen que recuerdas la página en la que aparecía esa temática pero no te acuerdas de lo que ponía? Eso es que tienes mucha memoria visual. Si intentas memorizar un esquema puedes incluso recordar el numero de flechas que salían de un recuadro pero no saber qué ponía en cada uno de ellos.
Una estrategia para poder recordar mejor lo que ponía en cada uno de los recuadros es dibujar algo que nos recuerde a ello, haz un dibujo pequeño, simple y representativo al lado de cada recuadro. Cuando te acuerdes de los dibujos automáticamente recordarás el contenido.

“Algunos nombres en otro idioma me resultan difíciles de recordar”
Algunos nombres de autores en inglés u otro idioma pueden ser difíciles de recordar, sobre todo si es un nombre largo. Pongamos por ejemplo que tenemos que acordarnos de Ebbinghaus, un hombre que planteó la curva del olvido, una curva que al principio es representada muy grande porque al principio nos acordamos de muchas de las cosas, pero con el tiempo se nos va olvidando, de modo que la curva se vuelve pequeña.

Para acordarnos que Ebbinghaus es el que planteó la curva del olvido, podemos hacer lo siguiente:

Dividimos la palabra en partes: E bbing haus
Y lo podemos transformar en una frase como: “Eh que viene House” o “Eh ven a mi house” o “E ven House!” Como la curva del olvido por su forma puede parecerse a una montaña o un iglú, ya puedes asociarlo de mejor forma, con una imagen mental por ejemplo imaginando a House que va a la montaña. Suena gracioso ¿verdad? ¡Pero funciona!

“Me cuesta memorizar las fechas”
Las fechas podemos asociarlas a grandes eventos y recordarlo por ello, pero cuando estas estudiando una asignatura que tiene muchas fechas a recordar nos podemos marear con tanto número y se nos pueden olvidar. Una estrategia para acordarte de las fechas es cambiar los números por letras que nos recuerden a ese número y formar una palabra. Puedes inventar tus propios símbolos que te resulten más fáciles de recordar que los números en sí. Busca la letra que por similitud de forma se parezca a los números y forma palabras:
1234567890 - IZEASGTBQO

Muchas veces la estrategia de estudio puede parecer muy rebuscada, de modo que tienes que averiguar la que más se adapte a tu forma de recordar las cosas: por imaginación, de forma visual, por invención de palabras, etc. Lo ideal es recordarlo por el significado que tiene, pero sabemos que hay ciertas cosas que por tiempo o motivación nos cuesta más aprender.

Y vosotros/as, ¿que estrategia usáis para memorizar? Contádmelo en los comentarios :)

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